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miércoles, 15 de enero de 2014

Biblioteca Manuel Rojas Invita: Foro Kontra la Karcel

La Biblioteca MAnuel Rojas invita a esté ciklo de foros ke komenzarán el 21 de Enero a las 20 hrs. jornadas ke finalizarán kon una cena el día martes 11 de febrero en apoyo a lxs presxs.




Foros :
21 enero MONTAJES
"Experiencias de luxa kontra la karcel"

28 enero KARCELES
"La presencia karcelaria en la sociedad"

4 febrero VIOLENCIA
"La karcel komo un arma de e$tado"

11 febrero AXIÓN
"LA KARCEL KOMO UN KASTIGO A LA REBELDÍA"


Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/427052207423313/?previousaction=join&source=1
 

martes, 23 de octubre de 2012

La lucha de masas: motor del poder popular. Intervención de Rodrigo Muñoz en Foro de Universidad de Concepción (22/10/2012)


Acto Universidad Católica de Concepcion,organizado por Colectivo Poder Popular.

Intervención de Rodrigo Muñoz.

LA LUCHA DE MASAS: MOTOR DEL PODER POPULAR.


Las condiciones básicas que hicieron posible una política de poder popular en Chile.

El origen de la política de poder popular sustentada por el MIR se encuentra en los fundamentos del marxismo-leninismo referidos a la teoría del estado, concebido este como expresión del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. Esta cuestión, fue abordada por Lenin de modo más específico en El Estado y la Revolución, pero se puede sintetizar en tres fundamentos esenciales:

Uno, el Estado actúa como instrumento de dominación de la clase burguesa sobre la clase trabajadora y la sociedad en su conjunto, de donde surge la necesidad de plantearse su destrucción para dar paso a la sociedad socialista.

Dos, la destrucción del estado burgués, y por tanto la revolución socialista, solo sería posible mediante una revolución violenta y la creación de un poder paralelo, alternativo al estado burgués, que progresivamente fuera asumiendo las tareas propias de un Estado. En síntesis, se trata de crear un poder paralelo de modo transitorio pues la finalidad es el reemplazo del antiguo estado por uno nuevo.

Tres, el mecanismo e instrumento impulsor, articulador y conductor de este proceso es el partido, en tanto vanguardia, poseedor de la teoría, los cuadros, y síntesis de las expresiones más avanzadas de la clase. Esto es, que las expresiones de poder y organización de la masa, no son suficientes ni adecuadas para conducir la disputa de poder con la burguesía; esto es labor del partido de la clase.

Estos fundamentos de la teoría del estado y del poder estuvieron presentes en la definición de las políticas del MIR y estuvieron presentes en el accionar táctico del MIR. Sin embargo, esto no se produjo de manera automática, en todo momento, y de modo efectivo, sino que fue un proceso de aproximaciones, de realizaciones aisladas y hasta circunstanciales que devinieron en el impulso y desarrollo específico de la cuestión del poder popular.

Mejor dicho, la preocupación y acción principal del MIR, desde el 67 en adelante, pero sobre todo desde mediados del 69 en adelante, estuvo centrada en activar, promover y conducir la lucha social y reivindicativa de las masas, principalmente en aquellos sectores de la clase trabajadora y del pueblo que no estaban integrados a las orgánicas sindicales motorizadas por los partidos de la izquierda tradicional, es decir, por el PS y el PC.

A su vez, las organizaciones de trabajadores lideradas por el reformismo y bajo la conducción de la CUT, durante toda la década del 60 protagonizaron constantes y diversas manifestaciones, movilizaciones y jomadas de lucha que fueron constituyendo un movimiento obrero activo, en constante ascenso y crecimiento, y cada vez más radical en sus manifestaciones. A este proceso se sumaron desde mediados de los 60 en adelante, diversos sectores del campesinado agrícola que protagonizó intensas movilizaciones y jomadas de lucha, principalmente en grandes fundos de la zona centro sur del país (Aconcagua, Curicó. Ñuble, Cautín), y que posibilitaron la creación de poderosas organizaciones sindicales del campo que sumaron fuerzas a este activo movimiento social de carácter enteramente popular.

Es en este contexto social que el MIR intenta desarrollar un intenso trabajo de masas orientado a introducir una política revolucionaría en el seno de la clase obrera y trabajadora, pero fundamentalmente destinado a levantar una política revolucionaría de masas en el seno del campo popular.

Estos esfuerzos por levantar una política revolucionaria de masas consistían en descubrir las principales necesidades, los principales problemas, las principales reivindicaciones de los sectores populares más explotados, y a partir de ese diagnóstico impulsar la organización y la movilización de los sectores afectados recurriendo a dos premisas básicas: uno, el involucramiento directo, un compromiso práctico, de los militantes y cuadros del MIR con el sector popular de que se tratara (esto es, integrarse física y materialmente a la vida y realidad de los afectados y a partir de esa relación construir lazos de legitimidad que sirvieran de base para el levantamiento de una plataforma de lucha reivindicativa y sirvieran de base para la construcción de una relación política; cuestión ésta que constituye uno de los pilares de la nueva forma de hacer política que introdujo el MIR en el campo de la izquierda en general y de la izquierda revolucionaria en particular). Dos, el impulso de todas las formas de lucha como herramienta de trabajo para la movilización y la acción de las masas; esto que hoy parece una perogrullada, en ese tiempo significó otro aspecto central de la nueva forma de hacer política que introdujo el MIR puesto que reivindicaba el uso legítimo de la violencia revolucionaria de las masas en respuesta a la violencia represiva del estado y, por lo mismo, la valoración de la lucha armada como un instrumento necesario de la lucha popular. Todo esto referido a aquella época y realidad histórica.

En este afán de construcción de fuerza revolucionaria de masas, el MIR centra su accionar social en los sectores pobres de la ciudad y en los sectores pobres del campo. Cuestión que ocurre por la necesidad de desarrollar un trabajo de masas de nuevo tipo y por las dificultades reales (ideológicas, orgánicas y políticas) de poder desarrollar este trabajo de nuevo tipo en los sectores obreros tradicionales que, como ya se ha dicho, eran conducidos políticamente y monopolizados orgánicamente por los partidos de la izquierda tradicional y por el reformismo obrero en general. Esta necesidad y su limitante lleva a descubrir un nuevo sujeto social revolucionario en la realidad chilena constituido por los pobres de la ciudad y del campo. Es en este sector social donde el MIR desarrolla de modo más amplio y profundo su política revolucionaria de masas como ya dijimos desde mediados del 69 en adelante.

A la par del desarrollo de una serie de acciones armadas, que fueron consolidando la nueva forma de hacer política y el sello distintivo (impronta) del MIR en la política chilena, se desarrollaron una serie de tomas de terreno protagonizadas por pobladores sin casa de los principales centro urbanos, una serie de tomas de fundos protagonizados por comunidades mapuche, inquilinos y campesinos pobres de diversos sectores rurales del sur del país. Junto con estas acciones se produjeron algunas tomas de fábricas, también motivadas por reivindicaciones específicas de los trabajadores. No es que el MIR haya inventado estas formas de lucha; de ninguna manera. Las tomas formaban parte del activo histórico del pueblo en diversas luchas desde comienzos del siglo XX, pero las tomas impulsadas por el MIR tuvieron definitivamente otro carácter en el sentido que no eran elementos de presión sino que eran acciones definitivas, sin vuelta atrás, imponiendo la fuerza de las masas movilizadas y definiendo las soluciones a los problemas que originaban las tomas.

Hasta la primera mitad del año 70 ya se habían concretado siete tomas de terreno en Santiago dando origen a igual cantidad de campamentos de pobladores sin casa (26 de enero; 26 de julio; Rigoberto Zamora; La Unión; Magali Honorato; Elmo Catalán; Ranquil -estos tres últimos dan origen a fines del 70 a la población Nueva La Habana). En el mismo período en Concepción se producían varias tomas que se convertían de inmediato en campamentos de pobladores (Lenín, Luciano Cruz, entre otros); esto sin contar otras tomas lideradas por otros partidos o grupos de izquierda. En el plano del campesinado, hasta el momento de la elección de Allende, en septiembre del 70, se habían producido unas 15 corridas de cerco en las provincias de Cautín y Malleco (siendo la primera de ellas la producida en la comunidad Ouinchavil de Nueva Imperial; luego la comunidad Catrileo de Lautaro; Railaf de Lautaro; Ailío de Carahue; entre otras). Sin embargo, es a partir del triunfo electoral de Allende, que se produce un estallido de acciones de masas que rebasaron por lejos las medidas de interés popular que incorporaba el programa de gobierno de la UP y de Allende. Las tomas de fábrica exigiendo el paso al área estatal de las mismas, la intervención estatal o la intervención de los trabajadores en las decisiones económicas y productivas, sobrepasaron por mucho las 91 empresas estratégicas de la economía que el gobierno se proponía estatizar. Centenas de industrias fueron tomadas por los trabajadores prescindiendo del interés económico o valor productivo que pudieran tener para el estado; lo único que verdaderamente primaba era el interés, el análisis, la necesidad y la decisión de los trabajadores. En estas movilizaciones obreras el grado de influencia o de participación del MIR y su política fue limitado o nulo, por las razones anteriormente mencionadas pero también por la escasa fuerza orgánica de que aun disponía como organización; es decir, esto demuestra que la actividad y lucha de las masas se “escapó” y superó la conducción reformista, pero al mismo tiempo no deriva necesariamente en una postura política revolucionaria debido a la ausencia física de una corriente revolucionaria orgánica en su seno. En síntesis, las masas obreras adoptan posiciones radicales en su lucha reivindicativa anti patronal y, ante la carencia de opciones políticas propias, empujan hacia una radicalización de las políticas del programa de gobierno de la UP.

Las tomas de terreno de los pobladores sin casa se multiplican por las ciudades del país superando también la conducción política del reformismo y rebasando la capacidad orgánica y presencia física del MIR en muchas de estas nuevas tomas. Todo esto complica al gobierno porque le obliga a adoptar una política habitacional mucho más amplia y profunda de lo que contemplaba su plan original y, sobre todo, porque el punto de partida de estas soluciones habitacionales eran acciones radicales de las masas que llevaban al gobierno a adoptar una actitud confrontacional con la derecha, al menos durante la vigencia de este período que se extendió por más de un año.

En el campo, las tomas de fundo y las corridas de cerco se propagaron como reguero de pólvora convirtiendo en insignificantes las medidas y planes de reforma agraria que contemplaba el programa dé gobierno. El criterio de expropiación de predios con una extensión superior a las 80 hectáreas de riego básico fue absolutamente ignorado por la fuerza de los hechos. Comunidades mapuches de las provincias de Malleco, Cautín y Valdivia extendieron sus acciones de corridas de cerco y de tomas de fundos protagonizando una inmensa ofensiva por recuperación de tierras usurpadas. Los trabajadores agrícolas de la zona central y sur realizaron tomas que profundizaban y democratizaban la reforma agraria, independientemente de la cantidad de hectáreas y del tipo de cultivo que las caracterizara (agrícola, frutícola, ganadero, etc.) basados en la consigna “la tierra para el que la trabaja”, dando origen a una inmensa cantidad de predios de propiedad colectiva en el campo, conocidos como asentamientos campesinos. En otras zonas rurales la política del MIR en el campo se puede sintetizar en la consigna: “Una gran corrida de cercos, desde la cordillera hasta el mar”. Tan solo en Panguipulli, por ejemplo, en poco más de un mes, los campesinos se tomaron 24 fundos madereros y de montaña, con 0 hectárea de riego básico pero con un total de 420.000 hectáreas de doble sobre explotación, humana y forestal; estas tomas, no contempladas en los planes de nadie (y que un par de meses más tarde dan origen a la constitución del Complejo Forestal y Maderero de Panguipulli), surgen como parte de este estallido de movilizaciones sociales que se produce después del triunfo de Allende pero se concretan y se hacen posible por la presencia y acción concreta del MIR en el territorio.

Ahora bien, en todo este período de auge y de ofensiva popular, que se extiende por dos años, desde comienzos del 70 a comienzos del 72, la política explícita de poder popular no se hizo sentir. En otras palabras, no surge en esta coyuntura la alternativa política del poder popular por más que en los hechos se estuviera produciendo. En los hechos comienzan a producirse las necesarias coordinaciones entre los diversos actores sociales protagonistas de las diversas tomas. Los pobladores se coordinan y dan origen a comandos locales o comunales; los trabajadores de las industrias se coordinan y crean los cordones locales o comunales, los campesinos se coordinan y crean los consejos comunales campesinos. Pero estas coordinaciones, en la práctica, se producen por necesidades propias de los sectores sociales involucrados y no por una directriz política mirista que así lo dispusiera. En los hechos fue al revés. Es en el curso de estas movilizaciones, de estas acciones y de las posteriores coordinaciones, que surge el impulso orgánico y formal de la política de poder popular, de la idea de poder popular como un poder alternativo, de la necesidad del poder popular como instrumento de “empoderamiento” (como se dice ahora) de la clase. Es decir, se trató de darle un carácter político-estratégico a los instrumentos naturales que la masa fue creando, definiéndolos como instrumentos de poder popular, y se dio impulso y trató de crear estos instrumentos donde no los hubiera con la concepción de poder popular ya estructurada. Pero, en rigor a la verdad de cómo se dieron los sucesos en la práctica, esto comienza a impulsarse de modo definitivo a mediados de 1972, momento que coincide con el repunte de la contraofensiva burguesa contra el gobierno y el campo popular, y por lo mismo, coincide con la ofensiva del reformismo contra los sectores revolucionarios de la izquierda. A contrapelo, sin embargo, el campo popular inicia un nuevo ciclo de movilizaciones que se extenderá hasta mediados del 73.

La directriz del MIR orientada a darle impulso a la idea de poder popular, está expresada en la conformación de los (que después se llamó) frentes intermedios: MPR (marzo del 70), MCR (septiembre del 70), FTR (noviembre del 71), FER (71), pero esta idea fue sobrepasada por la radicalidad, extensión y masividad de las luchas populares. En los hechos, estas orgánicas se constituyeron en frentes intermedios entre la política revolucionaria y las masas y no en frentes de poder. El poder se expresaba en las propias organizaciones de masas y sus necesidades de coordinación, de unificación de criterios, de defensa popular, pero no tenía una perspectiva política de poder alternativo sino que se constituía en instancia de poder por la vía de los hechos mismos. También en rigor a la verdad, fue la coyuntura provocada por el paro patronal y reaccionario de octubre del 72 (conocido como Paro de Octubre) lo que provoca una reacción popular masiva que da pie a la estructuración de instancias de poder popular; pero, dicho está, estas instancias (Cordones, Comandos, Consejos) se logran organizar en respuesta a la ofensiva de la derecha y en defensa del gobierno popular de Allende, y no precisamente como parte de una política revolucionaria de poder dual.

Sin embargo, el Paro de Octubre le permite al MIR dar el impulso decisivo a la política de poder popular, cuya máxima expresión fue el surgimiento del Pliego del Pueblo, la exigencia de disolución del Parlamento y creación de la Asamblea del Pueblo (junto a la creación de los Consejos Comunales de Trabajadores en las ciudades y los Consejos Comunales campesinos en el campo). Pero, aún así los resultados prácticos fueron incipientes y así eran evaluados aún a comienzos del 73 por la dirección del MIR

En síntesis, así como podemos constatar que sin el progresivo y constante aumento de la organización y movilización social de masas en el curso de la década del 60, no habría sido posible el triunfo electoral de Allende, también tenemos que constatar que toda la experiencia de impulso y desairollo de la política de poder popular solo fue posible gracias al estallido de movilizaciones y acciones de masas que se producen luego del triunfo electoral del gobierno de Allende y la UP. Ese fue el escenario. Sin ese suceso no habría habido ese estallido, y sin ese estallido y las posteriores acciones de masas no habría habido surgimiento y crecimiento de formas e instancias de poder popular. O, en el mejor de los casos, su aparición y estructuración probablemente habría tardado años y adoptado otros caminos.

Octubre 2012.

INTERVENCION EN FORO “CORDONES INDUSTRIALES, PODER POPULAR Y COYUNTURA ACTUAL” UNIVERSIDAD CATOLICA DE CONCEPCION, OCTUBRE 2012 (ALMA NEGRA)

Estimadas compañeras y compañeros:

En primer lugar quisiera agradecer a la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Concepción, a la Red de Colectivos y al Colectivo Poder Popular por la invitación que nos hicieran a participar de este foro. Saludo cordialmente a los asistentes a este acto, que se desarrolla en esta ciudad, hoy día tan convulsionada por la lucha que vienen desplegando tanto los estudiantes como los peñis que han asumido una dramática huelga de hambre que lleva ya 54 días por parte de los mapuches hospitalizados y 19 días de quienes están en la Cárcel de Temuco.

Trataremos de sintetizar al máximo nuestra exposición para poder recoger preguntas e intervenciones que enriquezcan esta actividad, toda vez que ambos temas Poder Popular y Coyuntura Política son temas muy presentes en los debates de los colectivos, organizaciones sociales de base, y en esta franja de pueblo que comienza a converger, a coordinarse en las luchas concretas, proceso que puede significar comenzar a revertir la fragmentación, atomización y desarticulación que hemos vivido quienes tenemos la convicción política de la necesidad de luchar por la transformación revolucionaria de la sociedad.

Quisiera instalar una primera pregunta: ¿Por qué emerge ésta consigna, éste concepto justamente hoy? ¿Por qué emergió esta misma consigna durante una fase particular de la lucha de clases en los años 70 y reapareció nuevamente con fuerzas en la época de mayor despliegue de la lucha de masas contra la dictadura militar?

A mi juicio, esta consigna de Poder Popular, como la entendemos los revolucionarios – ya daremos cuenta de los intentos del reformismo y de otras corrientes de cooptarla o combatirla – emerge como síntesis, como icono de los sectores sociales y políticos que chocan directamente con el Estado, con  la institucionalidad burguesa y con todos los aparatos de dominación y represión, en su proceso de constituirse como fuerza revolucionaria con proyecto propio, con independencia de clase, cuando justamente todos los mecanismos del Estado cierran las posibilidades de mantener el ascenso de las luchas, cuando se cierra toda posibilidad de lograr conquistas y avances en el marco de la legalidad que instalan los patrones.

Cuando las canaletas, camisas de fuerzas, hegemonía ideológica instalada por la burguesía son el obstáculo inmediato a superar para alcanzar los objetivos no de largo plazo, sino los objetivos inmediatos que se plantean las masas.- Obviamente, el Poder Popular comienza a murmurarse, a instalarse, cuando existe lucha, movilización ascendente, cuando franjas importantes del pueblo comienzan a constituirse larvadamente como pueblo consciente, con conciencia de sus capacidades, de su rol histórico, cuando comienza a develarse para muchos el carácter del estado, el carácter de la dominación, y se pone en evidencia los intereses contradictorios de las clases y el rol que juegan en la lucha de clases las diversas propuestas políticas.

Podemos afirmar, reitero, de manera muy sintética, que la emergencia del Poder Popular en los años 70, tiene que ver con el agotamiento, para las masas, de los mecanismos y leyes que el Estado mantenía para resolver las demandas reivindicativas mas urgentes, y la imposibilidad para estas, por tanto de resolver sus problemas de sobrevida, esto es, en el marco de un ascenso constante de las luchas de las masas y del agotamiento del modelo económico instalado por las clases dominantes. Son las acciones directas de masas, concebidas también como táctica por las organizaciones revolucionarias de la época, que hacen posible tomas de terrenos, de escuelas, recinto universitario y de algunas fábricas, previo al ascenso del Gobierno de Allende, con control territorial, sobretodo en las tomas de terreno, desarrollo de milicias de autodefensa, leyes internas que regulaban diversas actividades culturales, de producción, educación y sociales de  campamentos que estaban permanentemente movilizados, saliendo a la calle, enfrentándose con los diversos aparatos del Estado: represivos, jurídicos, contraloría, instituciones de salud, municipios, etc. 
La instalación del Gobierno de la Unidad Popular significó  la puesta en marcha de su programa que no era la toma del Poder, ni la revolución socialista, sino un conjunto de reformas contenidas en las 40 medidas básica que afectaban profundamente al imperialismo y a sectores de la burguesía pero aceptando el marco que la legalidad de la burguesa, impuso desde el inicio a través de la firma del Estatuto de Garantías Constitucionales. Esta línea estratégica, presentada como “La vía chilena al socialismo” instalaba cambios importantes en el sistema capitalista, pero sin resolver el problema del Poder y su expresión en el Estado como conjuntos de aparatos e instituciones establecidas para la opresión de las clases explotadas. Evidentemente los revolucionarios apoyamos al Gobierno de Allende, incluida la participación en su sistema de defensa y las medidas inicialmente impulsadas y que significaron desencadenar la ofensiva del imperialismo y de las clases patronales quienes diseñaron desde el inicio su estrategia, conocida como la estrategia de los mariscales rusos que describió el demócrata cristiano Claudio Orrego: convertir la institucionalidad burguesa en el Moscú inclaudicable y presentar una larga línea de defensa del sistema a través de las movilizaciones de sus fuerzas políticas y sociales. Así, desencadenaron boicott a la producción, paralizaciones de faenas, paro de camioneros y de gremios de los llamados “profesionales”, cierre del comercio, salieron a las calles, atacaron a las fuerzas populares lo que desató a su vez la enorme movilización de las masas que a través de las acciones directas tomaron comercios, camiones, fundos, fabricas, escuelas, terrenos, conteniendo la ofensiva burguesa e instalando diversas formas de control y poder popular. Es momento clave en el proceso, momento en que las clases dominantes ven desplomarse su ofensiva y comienzan a buscar una nueva estrategia, pero momento también en que se abren dos líneas diferentes en el seno del movimiento popular que se enfrentan en el llamado “Conclave de lo Curro” y que se expresan en el “Consolidar para avanzar” y en el “Avanzar sin Tranzar”, línea primero que sostiene el dirigente del PC Orlando Millas a través de un editorial del diario El Siglo que señala que el carácter de la revolución es democrático nacional, que implica alianzas con sectores de una supuesta  burguesía nacional progresista y mantener el proceso dentro de la legalidad burguesa establecida, en otras palabras, buscar entendimientos con la DC, Iglesia, los gremios profesionales, y devolver las fabricas,  fundos, medios de producción, servicio y comercio tomados por las fuerzas populares. La otra línea, sostenida por un sector de la Unidad Popular y por el MIR plantea profundizar el desarrollo del Poder Popular, profundizar las alianzas sociales, incorporar en ellas a los suboficiales, soldados y tropas de las distintas ramas de las FFAA que venían señalando sus reivindicaciones y enfrentar a los restantes aparatos del Estado que venían apoyando las acciones de los patrones: Parlamento, Contraloría, Justicia, medios de comunicación privados, etc.
El resto de la historia es por ustedes conocida: la estrategia de las clases dominantes avanzó aprovechando justamente las contradicciones en el campo popular: mientras descaradamente un sector preparaba las condiciones para desatar el golpe militar desencadenando acciones de todo tipo, incluido el asesinato del Edecán del Presidente, bombazos, sabotajes, el otro sector, el que se suponía en la propuesta reformista que era posible a ganar, amarraba en diálogos, en mesa de negociaciones e imponían concesiones al Gobierno: salida de Ministros, devolución de empresas, incorporación de Generales a ministerios, aprobación de la Ley de Control de armas que significo licencia a las FFAA para intervenir abiertamente en la lucha de clases allanando fabricas, fundos y escuelas, y la detención y proceso de marinos que se articulaban precisamente para impedir las acciones  de la oficialidad golpista. Dicho de otro modo, la INICIATIVA pasó de manos del campo popular a manos de las clases dominantes y las fuerzas que desarrollaban Poder Popular no tuvieron las capacidades ni la decisión política de pasar a la ofensiva convocada precisamente por el MIR en el histórico discurso de Miguel Enríquez en el teatro Caupolicán.

Han pasado 39 años desde estos hechos. A la derrota del año 1973, se suma la derrota de los años 80, salida negociada a la dictadura que significó la profundización del modelo neoliberal, legitimación del sistema político instalado por la dictadura y su espuria Constitución. Años en que como nunca las clases dominantes han impuesto sus intereses en todos los planos frente a un movimiento popular atomizado, fragmentado,  dominado ampliamente en términos ideológicos, sin capacidad alguna para levantar una alternativa política con respaldo social y proyecto propio. La tarea inconclusa de la dictadura de aniquilar física y materialmente todo vestigio de alternativa popular, de militantes sociales y políticos, de organizaciones y derechos establecidos en las leyes, bajo los gobiernos post dictadura se continuaron con la legitimación del Estado burgués, de sus aparatos de dominación, de la instalación de la ideología individualista y hedonista en las masas, del consumismo, de la apertura total de nuestras tierras, mares, bosques, aguas y medioambiente a la voraz gula del capital internacional, manteniendo a las fuerzas populares contenida y amarradas de manos, ora por las leyes como la ley laboral, ora por el desempeño de fuerzas y dirigentes cooptados, vendidos a la patronal y al modelo político económico como el miserable hasta ayer presidente de la CUT y una pléyade de funcionarios actuando como contención para que esas fuerzas no se desencadenaran.

Pero asistimos ya, al inicio del desplome del modelo neoliberal. Son numerosos los indicadores que la fiesta de la burguesía está llegando a su fin y que cada vez más sectores sociales despiertan, como decía la Segunda Declaración de la Habana, del brutal sueño a que fueron sometidos. Aunque nunca lograron dominar a todos los sectores sociales y episódicamente asistíamos a luchas sectoriales como la de los mineros del carbón, del cobre, de profesores, de la salud, de los sin casa, de los estudiantes, durante los últimos años vienen presentándose nuevos elementos que configuran un escenario distinto. Nuevo.

En la ENADE los patrones escucharon hace no mucho el diagnostico que el sociólogo Mayol les entrega advirtiéndoles que ya nada pueden hacer par detener el desplome y los atiborra con cifras, con estadísticas, con diagramas y planillas que hablan de la cada vez mayor brecha entre ricos y pobres, el rechazo y descredito a las instituciones y las leyes, el rechazo creciente de las comunidades a los distintos proyectos de inversión e instalaciones de empresas y plantas que contaminan, que roban el agua de las comunidades, que agreden los delicados ecosistemas, la crisis instalada en el sistema educacional, de previsión de salud, y lo que es más importante, el crecimiento constante entre diversas capaz de la población del convencimiento que el modelo solo funciona para los poderosos y que el famoso “goteo” es casi inexistente. Evidentemente Mayol no hace un análisis clasista, desde los intereses de las clases explotadas, sino que desde la perspectiva de la corriente “ciudadanista”, corriente que sobrevalora los movimientos sociales y el desempeño que estos pueden lograr dentro del marco de la legalidad burguesa. Evidentemente Mayol se queda corto al pretender que buena parte de la coyuntura que hemos estado viendo los dos últimos años es producto de las movilizaciones estudiantiles, omitiendo que solo el año 2011 asistimos primero a las movilizaciones en torno a Hidroaysen, a las de Freirina, a las de Magallanes en su conjunto, a las de los portuarios, de algunos sindicatos, a las movilizaciones en defensa del agua en casi todo el norte.
Pero Mayol tiene un gran acierto cuando describe el desencanto, perplejidad y furia, que han desencadenado las evidencia claras de la corrupción en el sistema del crédito, herramienta e instrumento de endeudamiento de las clases populares, en que el sistema en su conjunto se devala. Así, de repente descubren amplios sectores el engaño, la colusión de los empresarios, las redes del poder donde se mezclan empresarios, funcionarios del estado, gerentes, y todo tipo de instituciones. Como en La Polar, en las farmacias, en la producción y comercialización de medicamentos, en el futbol y el deporte en casi todas sus ramas.
Tal nivel de crisis se avizora, que la propia Iglesia sale a hablar para decir en buen chileno: patrones, dejen de gozar.

Frente a este escenario, de creciente cuestionamiento al Estado, al sistema político y económico imperante, se vuelven a abrir dos grandes líneas estrategias.
Quienes creen que es posible cambiar el sistema desde su propia institucionalidad llaman a construir fuerza política que se exprese en el parlamento y municipalidades para supuestamente alcanzar algunos cambios o al menos construir un frente de fuerzas progresistas, aceptando una vez mas, legitimar el sistema político instalado y legitimándolo con su participación.
Y el otro sector, disperso, fragmentado, cruzado por muchas contradicciones, la que alguna vez el profesor Agasino bautizó como  izquierda desconfiada, una izquierda que reúnen diversas generaciones de la vieja izquierda revolucionaria y a nuevos grupos políticos y sociales surgidos en estos años, de colectivos, proto partidos, talleres, casas culturales, agrupaciones sociales y políticas de diverso tipo, que no aceptan entrar al sistema, que rechazan legitimarlo, que no creen en ninguna de las millones de promesas de la clase política ni que exista posibilidad alguna de verdaderos cambios desde las propias instituciones, que como en el caso de los estudiantes secundarios, pescadores artesanales,  mapuches, jóvenes en su gran mayoría que ya han aprendido reiteradamente la lección: te movilizas, presentas demandas, pliegos, te instalan mesa de negociación, te desgastan, te criminalizan, vuelves a movilizarte, te vuelven a ofrecer una y otra vez lo mismo mientras tus fuerzas se siguen desgastando hasta que se extingue tu lucha habiendo ganado migajas o casi nada, o porque definitivamente tus demandas no son absorbibles ni por las clases dominantes ni por el Estado.

Volviendo al inicio de mi intervención: frente a este Estado, frente a estas clases dominantes que no están dispuestas a ceder un ápice en su modelo, las fuerzas sociales movilizadas chocan una y otra vez sin alcanzar sus propósitos. Algunas se desgatan, como es el caso de los universitarios donde ha sido evidente el repliegue de algunos sectores o la ambigüedad de la movilización para ir a negociar al parlamento, y otras, como la ACES particularmente, entienden que deben avanzar a nuevos estadios, a nuevas formas de lucha, a desarrollar alianzas sociales, madurando en su visión política hacia esa formula que decíamos, aparece cuando comienza a elevarse la lucha de clases, cuando se enfrenta a la totalidad del estado, cuando se pasa a la acción directa, cuando se constituye en Poder Popular.

Estimados compañeros y compañeras, no quiero cerrar esta intervención sin recordar que estamos en Octubre, mes de la primera gran victoria del proletariado a escala mundial en la revolución rusa dirigida por Lenin y Trotsky, este Octubre que es también de perdidas de grandes: de Miguel Enríquez, de Ernesto Che Guevara,  del Palito José Miguel Martínez, del Lobo Mauricio Arenas Bejas, de Cecilia Magni, Tamara y Raul Pellegrin, José Miguel.

Desde esos ejemplos, desde esa memoria de proyectos, de consecuencia, construiremos las herramientas necesarias para reagruparnos como revolucionarios, para construir un gran frente de juventud revolucionaria por el poder popular.

¡Solo la lucha nos hará libres!
¡Trabajadores al Poder!
¡Crear, crear Poder Popular!

Gracias.
Tomado de: Almanaque Negro 2

miércoles, 16 de junio de 2010

"POR NUESTROS HIJOS, POR NUESTRO PUEBLO... NO MÁS CÁRCEL A NUESTRA GENTE"


FORO- CONVERSACIÓN EN CONCEPCIÓN



EXPONEN :


Familiares de Presos Políticos Mapuche del Lago Lleu Lleu

Abogado Nelson Miranda




15 Hrs. UNIVERSIDAD ARCIS

18 Hrs. URRACAS EMAÚS

Concepción