Tu radio en Internet Netyco Argentina

Mostrando las entradas con la etiqueta Lucha de Clases. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Lucha de Clases. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de marzo de 2014

Documento 40 años: Parte IV - La ilusión reformista y las insuficiencias de la izquierda revolucionaria


Cuarta Parte (final): La ilusión reformista y las insuficiencias de la izquierda revolucionaria
Una de las principales claves de la derrota histórica sufrida tanto en 1973, como en los posteriores años de resistencia, así como también, a finales de los 80's ha sido la incapacidad de los sectores revolucionarios de conquistar la conducción de las más amplias masas en desmedro de la conducción reformista y pequeñoburguesa. En todo tránsito histórico vivido por los sectores revolucionarios en Chile, la conducción principal y hegemónica sobre el movimiento popular y de masas le ha correspondido al reformismo. Sin excepción, la conducción reformista y por tanto la ilusión pequeño burguesa sobre la democracia, sobre las instituciones, sobre la legalidad, ha sido la corriente de pensamiento que ha hegemonizado incluso al interior de los sectores revolucionarios.
Pero, ¿Cuál es el significado de dicho diagnóstico, cuáles son sus consecuencias políticas?
La ilusión reformista o el mito pequeño burgués basan su pensamiento sobre las transformaciones sociales revolucionarias en una concepción de carácter idealista, que no observa la realidad, sino que más bien reproduce los designios del pensamiento liberal burgués al interior de las clases dominadas, particularmente en el proletariado, infundiendo en estos últimos a través de todos los elementos de dominación y control social y cultural la falsa ilusión y conciencia sobre la sociedad que provocan en el proletariado y en los trabajadores concebir el mundo y la necesidad de lograr transformaciones en clave burguesa y en total oposición a sus intereses de clase concretos.
La burguesía a través de la pequeña burguesía lacaya y el reformismo, tiende una neblina espesa y una cortina de protección ideológica hacia el proletariado, fomentándole una fe religiosa en la institucionalidad, en las leyes, en la democracia, en las elecciones, como una suerte de mito, de leyenda naturalizada. Para esto utiliza todas las herramientas con que el poder cuenta para ejercer su dominio más allá del ejercicio de la violencia; es decir, por incorporación de los mecanismos que le permiten establecer un dominio hegemónico a través del consenso propio de los dominados. Estos mecanismos van desde el jardín infantil, la escuela primaria y secundaria, la iglesia, la televisión y la radio, la academia, institutos y universidades, las juntas de vecinos, ONGs, municipios, programas y proyectos de todo tipo, los realitis, los programas de farándula, y un gran etc. La burguesía genera un constructo superestructural enorme que le permite mantener a las ovejitas ordenaditas y contentas; engrupidas de que los cambios se dan participando en el juego democrático a través de las instituciones formales construidas para el desarrollo de este.
Y es aquí precisamente donde la inclusión de sectores que se autodenominan revolucionarios, anticapitalistas y otros motes similares, en la disputa electoral, blandiendo como argumento la necesidad de ocupar todos los espacios disponibles para dar la lucha revolucionaria, se convierten en teoría, de forma a veces inconsciente y a veces consciente, en promotores de la legalidad burguesa, de la participación y del incentivo a la participación dentro de los límites y marcos que la propia burguesía define para la dominación en condiciones de completa normalidad. Todos los sectores, sin excepción, que utilizan como excusa la fórmula: “todas las formas de lucha”, pero que sin embargo en la práctica únicamente utilizan la disputa circense y electoral por el “poder”, caen dentro de esta categoría. Y nos hablan de socialismo, de revolución, de control obrero, de hegemonía obrera, todo muy bello y necesario, pero al mismo tiempo convocan a los explotados a seguir creyendo en el juego democrático, legitimando en los hechos la legalidad burguesa a través de la participación, y por tanto constituyéndose en la categoría que hemos denominado “neo reformismo”, es decir, el mismo viejo y desgastado reformismo, renovado con una retórica revolucionaria. En algunos casos, esta retórica pseudo revolucionaria, se encuentra llena de referencias al marxismo leninismo y otras tendencias, pero que sin embargo en la práctica actúa degradando su real valor como instrumento para la lucha, al reducirlo a meras herramientas de justificación de la capitulación ideológica ante el capital, o bien como panaceas referenciales del más vulgar fetichismo pequeño burgués.
Además de los sectores del reformismo y neo reformismo, la izquierda que se denomina como revolucionaria, presenta también enormes insuficiencias y desafíos para el desarrollo de un proyecto revolucionario que se despliegue integralmente, ganando para sí a las grandes masas explotadas del país. El caudillismo, el aparatismo, el secretismo y su nefasta práctica conspirativista, aíslan a las organizaciones revolucionarias de las masas, o bien, hacen que estas las vean como instrumentos de opresión y dominación más que como parte de sí mismas y como instrumentos de liberación creados por los sectores más avanzados. Las organizaciones y particularmente sus dirigentes se encuentran aisladas no solo de las masas sino que también del resto de organizaciones pretendidamente revolucionarias, puesto que el liberalismo los domina al igual que al resto de la sociedad, y hacen de cada espacio y de cada disputa, terreno fértil para el despliegue de sus egos y desconfianzas y críticas llenas de arrogancia, egoísmo y falta de humildad, que hasta ahora no han hecho más que destruir instancias sociales y políticas con proyecciones de lucha.
La ausencia de una estrategia y la ausencia de una lectura táctica derivada del análisis de las condiciones concretas de la sociedad actual, sumado a los vicios liberales que planteamos más arriba, y al porfiado sostén de banderas derrotadas, no para aprender de su historia y superarlas, no como ejemplo de quienes se la jugaron y dieron la vida por un mundo mejor, sino que como meros fetiches que terminan sirviendo siempre a no menos oscuros proyectos individuales; nos mantienen como izquierda revolucionaria en un nivel de atomización tal, que nos impide desarrollar iniciativas tácticas consistentes y contundentes, a través de las cuales podamos de verdad, lesionar la normalidad burguesa y a partir de ahí profundizar la crisis de legitimidad; que constituida en círculo virtuoso a partir del entronque con el proceso de crisis capitalista; nos aproximará raudamente a los albores de tiempos y crisis revolucionarias de real envergadura para desafiar, esperemos en forma definitiva, al hasta ahora indestructible poder del enemigo burgués.
En síntesis, el proceso de la Unidad Popular y el Golpe de Estado del 11 de Septiembre de 1973, con sus posteriores consecuencias nos enseñan que:
 - La burguesía y el imperialismo respetan y defienden la democracia y su institucionalidad, únicamente cuando esta favorece sus intereses, en el amplio sentido de esta palabra. Además le impone en términos absolutos las consecuencias de esta concepción ideológica al conjunto de la población.
- De la misma forma, burguesía e imperialismo se reservan el derecho exclusivo de utilizar la violencia, cuando el Estado, la democracia y su institucionalidad dejan de ser funcionales a sus intereses. La utilización de la violencia, en el marco de la lucha de clases, es la característica fundamental de la historia del capitalismo, característica que se ha acentuado y profundizado en la época del imperialismo.
- La clase dominante infunde permanentemente su ideología al conjunto de la sociedad, a través de todos los mecanismos posibles, respecto del respeto de las institucionalidad, del poder del voto, de la universal validez de la democracia, en términos generales.
- Todas las expresiones del liberalismo, el individualismo, el fetichismo, el egoísmo, el caudillismo, etc. Son, desde el punto de vista ideológico, y desde el punto de vista de las consecuencias concretas, prácticas y políticas, el principal enemigo a vencer al interior de los sectores populares, y particularmente en los sectores más conscientes, la izquierda revolucionaria, que no está para nada exenta de estos vicios.
- Las expresiones más comunes al interior del movimiento popular de la ideología burguesa, sobre todo en sectores relativamente conscientes, son las concepciones que niegan la necesidad de organización social y política a escala mayor, que niegan la construcción de un poder alternativo, opuesto y contradictorio al poder de la burguesía, que sueñan ilúsamente con que la existencia de millones de individuos aislados, pero contrarios a todo poder, transformarán por arte de magia la realidad oprobiosa en la que vivimos. Paradójicamente odian y aman al capitalismo al mismo tiempo, puesto que su práctica no tendrá consecuencia transformadora alguna, dado que se niegan a construir poder, pero al mismo tiempo disfrutan permanentemente de los vicios a los que han sido sometidos.
 - Un proceso de acumulación de fuerzas ORGANIZADAS, sociales, políticas y militares, que superen en su práctica política las concepciones del reformismo y que además destruyan la hegemonía ideológica burguesa en el proceso de la lucha de clases, son la clave para la preparación de un verdadero triunfo revolucionario en nuestro país, y porque no, en el mundo.
- La necesidad urgente y profunda de una nueva valoración de los procesos revolucionarios históricos (como la UP), y de sus protagonistas, abandonando la vulgar pero habitual práctica de los juicios morales. Acá es necesario señalar que en mi opinión, es necesario hacerse cargo, como clase, del rol histórico de los procesos revolucionarios y de sus consecuencias, y no de hacer el juicio moral facilista que condena tal o cual proceso por insuficiente, por amarillo, o aquel líder por criminal o caudillo, sino que hacerse cargo precisamente de aquello en un sentido de comprender que estos resultados son históricos, tienen una razón y un sentido, y debemos comprenderlos en su globalidad para sacar las lecciones correspondientes. Por ejemplo, es necesario entender en profundidad los sucesos de la magnífica revolución rusa, los papeles de Lenin, Trotsky e incluso a Stalin, SI! a Stalin también!, porque ellos son producto de un proceso histórico, de un enfrentamiento de clases, no son sencillamente, por ejemplo en el caso de Stalin, la manifestación más pura del mal, el demonio!!!!. Stalin es un producto histórico. La URSS es un producto histórico y fracasó, fue derrotada, en la lucha de clases fue vencida por el enemigo. Desde dentro, desde fuera, como sea fue vencida la primera sociedad socialista de la historia de la humanidad, y de eso tenemos que hacernos cargo como clase, debemos hacernos cargo de Lenin, Trotsky, Stalin, Fidel, Che, Santucho, Marcial, Miguel Henríquez, etc. De los buenos y de los malos debemos hacernos cargos como producto histórico de la lucha de clases, para sacar las lecciones correspondientes. 

Para finalizar, una reflexión sobre Stalin, en el sentido anterior. Stalin fue un producto histórico, de aquel partido bolchevique y del proceso de lucha de clases en la rusia zarista y en el proceso revolucionario. Stalin fue un producto de Lenin, de Trotsky, de los dirigentes del partido bolchevique que vieron quien era Stalin antes de convertirse en lo que luego se convertiría. Trotsky, es responsable de Stalin, puesto que siendo jefe del ejército rojo, tenía un poder bastante amplio como para haber cambiado la situación y evitado las consecuencias, pero el eligió otro camino, el repliegue táctico, pero ese repliegue táctico, significó una derrota estratégica. ¿Que quiero decir?, no se comprende Stalin sin el proceso histórico, sin Lenin ni menos sin Trotsky. Entonces ¿Qué le corresponde a los revolucionarios honestos y conscientes de hoy? ¿Pelearse tal calcetinera adolescente por cual es el más rockstar de los revolucionarios? ¿Criminalizar sin un juicio crítico a tal o cual personaje histórico con elementos unilaterales y aislados como el número de muertos, por poner un ejemplo? ¿Alguien conoce una revolución sin muertos? ¿Poner al margen de la historia a los personajes y protagonistas, como fetiches, ya sea como salvadores con virtudes divinas o como enemigos, representantes del maligno con poderes absolutos?
Por último, como dice un amigo, "entre capitalismo y socialismo, prefiero socialismo, hasta el peor socialismo ha sido mejor que el capitalismo". En consecuencia, el que ame más y prefiera al capitalismo: ¡¡¡Que lo confiese!!!
Fin.

Aquiles Torres

sábado, 1 de marzo de 2014

Documento 40 años: Parte III - ¿Que significó el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973?


Tercera Parte: ¿Que significó el golpe de estado?
El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 tiene una variedad de significados según como se aborde. Tiene una significación histórica, tiene una significación política, tiene una significación en cuanto al rol del Estado en la lucha de clases, también tiene una significación en torno al papel de la ideología, tiene enormes significados en relación con los aspectos de estrategia y táctica del proyecto revolucionario; de iniciativa política y militar, etc. Seguramente es posible encontrar más elementos, más conclusiones según vamos profundizando nuestra mirada en relación a ese proceso histórico. A continuación esbozaremos aquellos elementos que nos parecen principales.
Desde el punto de vista histórico marca el fin del Estado de Bienestar, en un país que jamás llegó a tener dicha condición respecto del modelo Europeo, pero que sin embargo al que la izquierda chilena socialdemócrata y reformista tuvo siempre como panacea e ideal a alcanzar. Sin embargo, el curso implacable de la historia, es decir, el curso de la lucha de clases, colocó ya no como dinamizador económico a dicha estrategia de desarrollo, sino que la transformó en su opuesto dialéctico, por lo tanto pasó a ser un obstáculo para la sobrevivencia del capitalismo, y comenzó a ser destruido o desarticulado según la magnitud de las fuerzas que se oponían a dicho proceso. Chile es el primer país en el mundo en donde se gestan las condiciones que le permitirían a la Burguesía local, con el interesadísimo auspicio del imperialismo en retrotraer a la sociedad a inicios del siglo XX, imponiendo por la fuerza un ajuste relevante al sistema económico y político que permitiera garantizar la libertad de emprendimiento sin las molestas trabas de los derechos y beneficios sociales, conquistados a través de 80 años de lucha y acumulación de fuerzas, que caracterizaban al Estado de Bienestar chilensis.
La significación política es todavía más importante, puesto que en nuestro “911”, al igual que en el estadounidense, observamos cómo fueron derribadas las paradigmáticas torres gemelas del reformismo y de la “vía chilena al socialismo”, a través del bombardeo decidido de la burguesía y el imperialismo, utilizando los contundentes métodos de la lucha de clases. Es decir, el enfrentamiento de clases debe ser asumido como un proceso de lucha explícita por el poder, con todos los medios a disposición de la vanguardia de los trabajadores, utilizando la violencia de clase cuando y donde sea necesario en función de los objetivos táctico/estratégicos. 
Tanto Trotsky como Robespierre coinciden en una conclusión que es atingente y oportuna cuando consideramos las consecuencias de no desarrollar una revolución como corresponde, o hacerla “a medias”, y este último lo dijo hace más de 250 años:
Quien hace una revolución a medias, lo único que hace es cavar su propia tumba”
Maximilien de Robespierre
A una revolución incompleta le sigue una contrarrevolución completa”
León Trotsky
Adicionalmente podemos concluir, en la perspectiva revolucionaria, que el hecho de no haber podido arrebatar la conducción de las más amplias masas, de las garras del reformismo obrero y pequeño burgués fue un factor clave en la derrota posterior. 
Por tanto, un movimiento revolucionario, que se plantee la lucha más decidida por el poder en un escenario favorable de la lucha de clases, debe siempre considerar que sin lograr la conducción de una porción significativa de las más amplias masas, esto es, derrotando ideológicamente a la burguesía en el frente estratégico más importante, que es el frente de guerra que se encuentra en el centro de nuestro “territorio”, en nuestra propia clase, jamás podrá tomar la iniciativa para luchar por el poder y siempre estaremos respondiendo reactivamente, apostando a la suerte de que uno u otro pequeño burgués destacado se pase al bando de los revolucionarios para hacernos la pega. Sin embargo, eso es dejar el destino de miles de vidas al buen arbitrio de la suerte, y lo que es peor, de la pusilánime iniciativa pequeñoburguesa, y no como debe ser, que es conseguir conscientemente la conducción de las masas a través de un proceso de guerra pensado y concebido desde la ciencia proletaria e histórica. Y ojo que cuando hablamos de guerra o enfrentamiento ideológico, significamos con esto nada distinto ni distinguible de la guerra y el enfrentamiento material y concreto.
El Estado, en general, desde la concepción materialista de la historia, es un órgano especial de opresión de una clase sobre la otra, en particular, durante la época del capitalismo, este órgano sirve a la clase dominante, es decir a la burguesía, en oposición al resto de las clases de la sociedad, pero particularmente en contra de su opuesto dialéctico, el proletariado. Durante el periodo 70-73, la unidad popular controlaba únicamente el aparato del gobierno, es decir, el ejecutivo, donde el presidente elegido en votación popular fue Salvador Allende. Sin embargo, el resto del aparato del Estado (Poder Judicial, Parlamento, FF.AA.), estuvo controlado siempre por los sectores tradicionales que habían estado allí, que es por lo tanto la burguesía y la pequeño burguesía. Por tanto, el poder real, estaba solo parcialmente en manos de la UP. Adicionalmente, si observamos el actuar del gobierno en relación con los sectores populares que lo apoyaban, ya tempranamente, en el periodo de la unidad popular se observan cruentas represiones a trabajadores y pobladores, represiones que terminan en muertos incluso o en humillaciones de parte del Estado hacia los trabajadores que debía representar. Y este proceso se agudiza a medida que el proletariado y los sectores populares va asumiendo su rol histórico y van tomando iniciativa, mientras más iniciativa se desarrolla en el campo popular mayor es la represión y el descontrol del gobierno, expresado en la pelea interburguesa derecha/DC/UP, respecto si permitir el avance de los “rotos” o reprimirlos, de “restaurar el orden y la paz social”, de “exigir el cumplimiento del Estado de derecho”, etc. Es decir, la burguesía resiente la pérdida de control sobre la situación social y sobre una parte del Estado, y reacciona virulentamente para restaurar el “orden natural de las cosas”; y en este proceso restaurador el Estado como cuerpo e instrumento de opresión, muestra toda su esencia y naturaleza finalmente a través del proceso de control de armas, con allanamientos y muertes, y en su ejercicio cúspide a través del mismo golpe de Estado y la feroz represión posterior; para que hablar de la transformación social, económica y política a la cual seríamos sometidos.
Aquiles Torres 

domingo, 23 de febrero de 2014

Venezuela: Las fuerzas de la historia

Andrés Figueroa Cornejo

1. Carece de sentido representar una nueva relación de hechos sobre los acontecimientos en curso en Venezuela desde el 12 de febrero de 2014. Su caracterización consensuada incluso desde las administraciones capitalistas de América Latina cuya política exterior se comporta relativamente independiente, al menos en términos diplomáticos y declarativos, se ha inclinado por llamar a respetar la democracia representativa y al Presidente Nicolás Maduro legítimamente optado en las urnas. Naturalmente, de esa solidaridad elemental se han excluido los gobiernos alineados en el tratado de libre comercio y de nítidos objetivos geopolíticos en beneficio del Estado corporativo norteamericano, la Alianza del Pacífico, compuesto por ahora por México, Colombia, Perú y Chile. En el último país, la hace poco electa por un 25% de personas habilitadas para sufragar, la Presidenta Michelle Bachelet, pronta a asumir en menos de un mes, siguiendo la política pro imperialista del ex Presidente Ricardo Lagos Escobar quien fue el primer mandatario en reconocer a los golpistas fracasados de 2002 contra Hugo Chávez, ha guardado un silencio obsecuente en apoyo a las acciones emprendidas contra el pueblo y el Ejecutivo venezolano. Porque esta hora es de aquellas donde se revela la genuina escala de grises de los intereses y proyectos políticos más o menos articulados de las clases sociales y se caen las fachadas. En los paraderos de la locomoción pública, en cualquier proclama que se refiera al asunto, en las Naciones Unidas.

2. Sobre las comparaciones recurrentes entre los procesos políticos de Chile de la Unidad Popular y la actual Venezuela es preciso tomar algunas notas. En las décadas de los 60 y 70 del siglo XX en gran parte del mundo se vivió una ofensiva extraordinaria del movimiento popular sobre el capitalismo maduro, sólo comparable con los años inmediatamente posteriores a la Revolución Soviética. Es posible aventurar que los 60 y 70 fueron años de gloria y tragedia donde los oprimidos alcanzaron protagonismo y talla histórica. De alguna manera, desde las victorias y derrotas de entonces, desde la contrahegemonía en todas sus formas respecto de la minoría en el poder, se produjeron los más ricos, complejos y creativos procesos de construcción política, cultural y social de los humillados de la Tierra hasta ahora. Es como si los explotados y plebeyos hubieran alcanzado el despliegue histórico de sus intereses sólo posible de cercenar mediante la violencia derechamente militarizada de los imperialismos de manera directa o a través de sus representaciones nacionales y regionales.

Entonces fue como haber palpado el futuro. Desde una dañada, pero eficiente contrarrevolución burguesa, hasta no hace tanto, cuando recién comienza una paulatina recomposición de las fuerzas sociales ligadas al trabajo y los oprimidos, todavía ese futuro ya vivido funciona como horizonte de sentido. De allí la misión desmoralizante de las acusaciones de ‘nostalgia izquierdista’ de la producción propagandística multiformal y espectacularizada por la intelectualidad a pago, ex revolucionaria y por encargo de la misma minoría en el poder. Minoría que aprende rápidamente y cuya memoria indeleble opera como terror de clase cuando se actualiza alguna esquina del período donde sus privilegios fueron jaqueados seriamente por mayorías sociales autoconscientes.

Pero para los pueblos del mundo ese futuro ya vivido –y no personal ni generacionalmente- es cumbre colorida, texto existencial orientador relativamente mitificado; así como la realidad inmediata es carencia de sentido y  pura opresión.

Se trata de que los tiempos de la lucha de clases no son lineales ni historicistas ni cronológicos. Son tiempos siempre políticos, históricos, sociales y concretos.

Por ejemplo, puede perecer una generación o dos, la vida biológica de un individuo, pero las condiciones y relaciones de fuerzas que produjeron a uno y miles de  Ernesto Guevara perduran como realización pendiente. Y no por capricho, el mal llamado voluntarismo o alguna trampa de la psiquiatría social. Sino porque hoy las relaciones de poder y de clase subsisten de modo más feroz en términos relativos y absolutos que entonces.

Por contexto y particularidades en el proceso mismo de acumulación de fuerzas, el programa aplicado por el gobierno de la Unidad Popular fue más progresivo que el de la Venezuela bolivariana. Ello no es bueno ni malo, es objetivo. Sin embargo, existen distancias y similitudes que serían bravas de detallar en un borrador urgente. Tal vez las diferencias más visibles sean que la UP de Chile fue de abajo hacia arriba, con una poderoso papel de los partidos políticos reformistas de inspiración socialista y la densidad continua históricamente de la lucha de los trabajadores y el pueblo; y que la experiencia bolivariana se basa sobre la  señera conducta y liderazgo de Hugo Chávez, el ‘Caracazo’, el desprestigio del sistema político convencional y la reestructuración notable de la ideología de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Asimismo, tanto la resignificación popular del concepto de patria, las fuertes definiciones antiimperialistas, como el ejercicio de la sedición enemiga sean los lugares más comunes de ambos gobiernos. En fin.

Si bien las formas del imperialismo -luego de la oleada de golpes militares que asolaron a América Latina con el fin de imponer en inmejorables condiciones el programa ultraliberal del capitalismo concentrado y financiarizado ante la tendencia a la baja de sus ganancias por el propio desarrollo tecnológico y el encarecimiento del precio del trabajo-, modificaron drásticamente las relaciones de fuerza mundiales y regionales y, por tanto, se han vuelto más sofisticadas las tácticas de la dictadura del capital y en la actualidad se habla de ‘golpes blandos institucionales’ (y precautorios) en el continente. Sin embargo, nada asegura que los golpes militares tradicionales hayan sido arrojados al baúl de los recuerdos.  Quienes así lo creen sólo están expresando un deseo.

En consecuencia, con el objeto de generar una crisis de gobernabilidad la arremetida inestabilizadora y anunciada de grupos de estudiantes universitarios digitados por la burguesía y el imperialismo usamericano en su plaza fuerte, Táchira (y después, Mérida), colindante con Colombia no accidentalmente sino por lo contrario, es la expresión palpable del álgido momento de la lucha de clases en el país de Bolívar.

Las decisiones antiinjerencistas del gobierno de no renovar los permisos de trabajo a los empleados de la industria mediática rival de los pueblos, CNN, y de enviar a un cuerpo militar y policial a Táchira para frenar el motín golpista, corresponden a medidas orientadas acertadamente para demostrar la voluntad y las fuerzas del pueblo organizado.

Sin embargo, esas iniciativas no detendrán al imperialismo.

3. La lucha antiimperialista es inmediatamente una lucha anticapitalista en los países dependientes del mundo y de América Latina. Al no existir ‘burguesías nacionales y patrióticas’, tampoco existe una eventual resolución del conflicto vía pactos sociales que no redunden en ofrecer más tiempo a la clase gran propietaria  para continuar conspirando.

En claro y sencillo: el combate contra la ofensiva imperialista dinámicamente se transforma en la oportunidad popular para expropiar a la burguesía y a los intereses norteamericanos e iniciar abiertamente el camino hacia una sociedad socialista y revolucionaria. Es mejor más temprano que tarde. Y aunque todo parto, inevitablemente comporta dolores, es la única práctica que da vida y multiplica su ejemplo.

jueves, 20 de febrero de 2014

COMUNICADO DE LA FEUSACH RESPECTO A LA SITUACIÓN EN VENEZUELA

Frente a los hechos acontecidos en los últimos días en Venezuela, específicamente con las movilizaciones estudiantiles, como Federación de Estudiantes de la Usach, FEUSACH, declaramos lo siguiente:

Siempre hemos defendido y practicado el derecho a la movilización y no criminalización de la protesta como herramienta que poseen los pueblos, no obstante no compartimos aquellas que no tengan por objetivo generar transformaciones al servicio de los Trabajadores y el Pueblo.

Estas movilizaciones estudiantiles, que representan a sectores universitarios acomodados de Venezuela, y que no contienen demandas en materia educacional, responden a intereses que figuran a la derecha neoliberal en Venezuela, junto con los grandes empresarios; sector que no comparte el proyecto social instaurado por el Presidente Hugo Chávez y que continúa Nicolás Maduro.

Solidarizamos con el pueblo y gobierno de Venezuela y otorgamos nuestro apoyo de clase al proceso de transformación revolucionario, popular y democrático que hasta la fecha se ha puesto en práctica. A la vez lamentamos los resultados de los focos de violencia que se han desarrollado, y confiamos en la pronta solución de este conflicto.

Finalmente, el actual proceso de Bolivariano que se impulsa desde el gobierno puede tener falencias, retrocesos y lentitudes, pero indudablemente cuenta con el apoyo de la mayoría del pueblo venezolanos. Por lo que como Feusach, declaramos nuestro apoyo a las decisiones soberanas del Pueblo de Venezuela, que se ha manifestado a favor del gobierno de Maduro por medio del voto popular. Asimismo, hacemos un llamado a que cesen los intentos de desestabilización económica y generación de caos social, intentos que se asemejan a lo vivido en nuestro país antes del golpe militar; y apelamos a la solidarisas y respaldo fraterno hacia el Pueblo y Gobierno Bolivariano de Venezuela, gran impulsor de transformaciones económicas y sociales, que a diferencia de nuestro país, sí están al servicio del Pueblo.