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sábado, 8 de marzo de 2014

Documento 40 años: Parte IV - La ilusión reformista y las insuficiencias de la izquierda revolucionaria


Cuarta Parte (final): La ilusión reformista y las insuficiencias de la izquierda revolucionaria
Una de las principales claves de la derrota histórica sufrida tanto en 1973, como en los posteriores años de resistencia, así como también, a finales de los 80's ha sido la incapacidad de los sectores revolucionarios de conquistar la conducción de las más amplias masas en desmedro de la conducción reformista y pequeñoburguesa. En todo tránsito histórico vivido por los sectores revolucionarios en Chile, la conducción principal y hegemónica sobre el movimiento popular y de masas le ha correspondido al reformismo. Sin excepción, la conducción reformista y por tanto la ilusión pequeño burguesa sobre la democracia, sobre las instituciones, sobre la legalidad, ha sido la corriente de pensamiento que ha hegemonizado incluso al interior de los sectores revolucionarios.
Pero, ¿Cuál es el significado de dicho diagnóstico, cuáles son sus consecuencias políticas?
La ilusión reformista o el mito pequeño burgués basan su pensamiento sobre las transformaciones sociales revolucionarias en una concepción de carácter idealista, que no observa la realidad, sino que más bien reproduce los designios del pensamiento liberal burgués al interior de las clases dominadas, particularmente en el proletariado, infundiendo en estos últimos a través de todos los elementos de dominación y control social y cultural la falsa ilusión y conciencia sobre la sociedad que provocan en el proletariado y en los trabajadores concebir el mundo y la necesidad de lograr transformaciones en clave burguesa y en total oposición a sus intereses de clase concretos.
La burguesía a través de la pequeña burguesía lacaya y el reformismo, tiende una neblina espesa y una cortina de protección ideológica hacia el proletariado, fomentándole una fe religiosa en la institucionalidad, en las leyes, en la democracia, en las elecciones, como una suerte de mito, de leyenda naturalizada. Para esto utiliza todas las herramientas con que el poder cuenta para ejercer su dominio más allá del ejercicio de la violencia; es decir, por incorporación de los mecanismos que le permiten establecer un dominio hegemónico a través del consenso propio de los dominados. Estos mecanismos van desde el jardín infantil, la escuela primaria y secundaria, la iglesia, la televisión y la radio, la academia, institutos y universidades, las juntas de vecinos, ONGs, municipios, programas y proyectos de todo tipo, los realitis, los programas de farándula, y un gran etc. La burguesía genera un constructo superestructural enorme que le permite mantener a las ovejitas ordenaditas y contentas; engrupidas de que los cambios se dan participando en el juego democrático a través de las instituciones formales construidas para el desarrollo de este.
Y es aquí precisamente donde la inclusión de sectores que se autodenominan revolucionarios, anticapitalistas y otros motes similares, en la disputa electoral, blandiendo como argumento la necesidad de ocupar todos los espacios disponibles para dar la lucha revolucionaria, se convierten en teoría, de forma a veces inconsciente y a veces consciente, en promotores de la legalidad burguesa, de la participación y del incentivo a la participación dentro de los límites y marcos que la propia burguesía define para la dominación en condiciones de completa normalidad. Todos los sectores, sin excepción, que utilizan como excusa la fórmula: “todas las formas de lucha”, pero que sin embargo en la práctica únicamente utilizan la disputa circense y electoral por el “poder”, caen dentro de esta categoría. Y nos hablan de socialismo, de revolución, de control obrero, de hegemonía obrera, todo muy bello y necesario, pero al mismo tiempo convocan a los explotados a seguir creyendo en el juego democrático, legitimando en los hechos la legalidad burguesa a través de la participación, y por tanto constituyéndose en la categoría que hemos denominado “neo reformismo”, es decir, el mismo viejo y desgastado reformismo, renovado con una retórica revolucionaria. En algunos casos, esta retórica pseudo revolucionaria, se encuentra llena de referencias al marxismo leninismo y otras tendencias, pero que sin embargo en la práctica actúa degradando su real valor como instrumento para la lucha, al reducirlo a meras herramientas de justificación de la capitulación ideológica ante el capital, o bien como panaceas referenciales del más vulgar fetichismo pequeño burgués.
Además de los sectores del reformismo y neo reformismo, la izquierda que se denomina como revolucionaria, presenta también enormes insuficiencias y desafíos para el desarrollo de un proyecto revolucionario que se despliegue integralmente, ganando para sí a las grandes masas explotadas del país. El caudillismo, el aparatismo, el secretismo y su nefasta práctica conspirativista, aíslan a las organizaciones revolucionarias de las masas, o bien, hacen que estas las vean como instrumentos de opresión y dominación más que como parte de sí mismas y como instrumentos de liberación creados por los sectores más avanzados. Las organizaciones y particularmente sus dirigentes se encuentran aisladas no solo de las masas sino que también del resto de organizaciones pretendidamente revolucionarias, puesto que el liberalismo los domina al igual que al resto de la sociedad, y hacen de cada espacio y de cada disputa, terreno fértil para el despliegue de sus egos y desconfianzas y críticas llenas de arrogancia, egoísmo y falta de humildad, que hasta ahora no han hecho más que destruir instancias sociales y políticas con proyecciones de lucha.
La ausencia de una estrategia y la ausencia de una lectura táctica derivada del análisis de las condiciones concretas de la sociedad actual, sumado a los vicios liberales que planteamos más arriba, y al porfiado sostén de banderas derrotadas, no para aprender de su historia y superarlas, no como ejemplo de quienes se la jugaron y dieron la vida por un mundo mejor, sino que como meros fetiches que terminan sirviendo siempre a no menos oscuros proyectos individuales; nos mantienen como izquierda revolucionaria en un nivel de atomización tal, que nos impide desarrollar iniciativas tácticas consistentes y contundentes, a través de las cuales podamos de verdad, lesionar la normalidad burguesa y a partir de ahí profundizar la crisis de legitimidad; que constituida en círculo virtuoso a partir del entronque con el proceso de crisis capitalista; nos aproximará raudamente a los albores de tiempos y crisis revolucionarias de real envergadura para desafiar, esperemos en forma definitiva, al hasta ahora indestructible poder del enemigo burgués.
En síntesis, el proceso de la Unidad Popular y el Golpe de Estado del 11 de Septiembre de 1973, con sus posteriores consecuencias nos enseñan que:
 - La burguesía y el imperialismo respetan y defienden la democracia y su institucionalidad, únicamente cuando esta favorece sus intereses, en el amplio sentido de esta palabra. Además le impone en términos absolutos las consecuencias de esta concepción ideológica al conjunto de la población.
- De la misma forma, burguesía e imperialismo se reservan el derecho exclusivo de utilizar la violencia, cuando el Estado, la democracia y su institucionalidad dejan de ser funcionales a sus intereses. La utilización de la violencia, en el marco de la lucha de clases, es la característica fundamental de la historia del capitalismo, característica que se ha acentuado y profundizado en la época del imperialismo.
- La clase dominante infunde permanentemente su ideología al conjunto de la sociedad, a través de todos los mecanismos posibles, respecto del respeto de las institucionalidad, del poder del voto, de la universal validez de la democracia, en términos generales.
- Todas las expresiones del liberalismo, el individualismo, el fetichismo, el egoísmo, el caudillismo, etc. Son, desde el punto de vista ideológico, y desde el punto de vista de las consecuencias concretas, prácticas y políticas, el principal enemigo a vencer al interior de los sectores populares, y particularmente en los sectores más conscientes, la izquierda revolucionaria, que no está para nada exenta de estos vicios.
- Las expresiones más comunes al interior del movimiento popular de la ideología burguesa, sobre todo en sectores relativamente conscientes, son las concepciones que niegan la necesidad de organización social y política a escala mayor, que niegan la construcción de un poder alternativo, opuesto y contradictorio al poder de la burguesía, que sueñan ilúsamente con que la existencia de millones de individuos aislados, pero contrarios a todo poder, transformarán por arte de magia la realidad oprobiosa en la que vivimos. Paradójicamente odian y aman al capitalismo al mismo tiempo, puesto que su práctica no tendrá consecuencia transformadora alguna, dado que se niegan a construir poder, pero al mismo tiempo disfrutan permanentemente de los vicios a los que han sido sometidos.
 - Un proceso de acumulación de fuerzas ORGANIZADAS, sociales, políticas y militares, que superen en su práctica política las concepciones del reformismo y que además destruyan la hegemonía ideológica burguesa en el proceso de la lucha de clases, son la clave para la preparación de un verdadero triunfo revolucionario en nuestro país, y porque no, en el mundo.
- La necesidad urgente y profunda de una nueva valoración de los procesos revolucionarios históricos (como la UP), y de sus protagonistas, abandonando la vulgar pero habitual práctica de los juicios morales. Acá es necesario señalar que en mi opinión, es necesario hacerse cargo, como clase, del rol histórico de los procesos revolucionarios y de sus consecuencias, y no de hacer el juicio moral facilista que condena tal o cual proceso por insuficiente, por amarillo, o aquel líder por criminal o caudillo, sino que hacerse cargo precisamente de aquello en un sentido de comprender que estos resultados son históricos, tienen una razón y un sentido, y debemos comprenderlos en su globalidad para sacar las lecciones correspondientes. Por ejemplo, es necesario entender en profundidad los sucesos de la magnífica revolución rusa, los papeles de Lenin, Trotsky e incluso a Stalin, SI! a Stalin también!, porque ellos son producto de un proceso histórico, de un enfrentamiento de clases, no son sencillamente, por ejemplo en el caso de Stalin, la manifestación más pura del mal, el demonio!!!!. Stalin es un producto histórico. La URSS es un producto histórico y fracasó, fue derrotada, en la lucha de clases fue vencida por el enemigo. Desde dentro, desde fuera, como sea fue vencida la primera sociedad socialista de la historia de la humanidad, y de eso tenemos que hacernos cargo como clase, debemos hacernos cargo de Lenin, Trotsky, Stalin, Fidel, Che, Santucho, Marcial, Miguel Henríquez, etc. De los buenos y de los malos debemos hacernos cargos como producto histórico de la lucha de clases, para sacar las lecciones correspondientes. 

Para finalizar, una reflexión sobre Stalin, en el sentido anterior. Stalin fue un producto histórico, de aquel partido bolchevique y del proceso de lucha de clases en la rusia zarista y en el proceso revolucionario. Stalin fue un producto de Lenin, de Trotsky, de los dirigentes del partido bolchevique que vieron quien era Stalin antes de convertirse en lo que luego se convertiría. Trotsky, es responsable de Stalin, puesto que siendo jefe del ejército rojo, tenía un poder bastante amplio como para haber cambiado la situación y evitado las consecuencias, pero el eligió otro camino, el repliegue táctico, pero ese repliegue táctico, significó una derrota estratégica. ¿Que quiero decir?, no se comprende Stalin sin el proceso histórico, sin Lenin ni menos sin Trotsky. Entonces ¿Qué le corresponde a los revolucionarios honestos y conscientes de hoy? ¿Pelearse tal calcetinera adolescente por cual es el más rockstar de los revolucionarios? ¿Criminalizar sin un juicio crítico a tal o cual personaje histórico con elementos unilaterales y aislados como el número de muertos, por poner un ejemplo? ¿Alguien conoce una revolución sin muertos? ¿Poner al margen de la historia a los personajes y protagonistas, como fetiches, ya sea como salvadores con virtudes divinas o como enemigos, representantes del maligno con poderes absolutos?
Por último, como dice un amigo, "entre capitalismo y socialismo, prefiero socialismo, hasta el peor socialismo ha sido mejor que el capitalismo". En consecuencia, el que ame más y prefiera al capitalismo: ¡¡¡Que lo confiese!!!
Fin.

Aquiles Torres

sábado, 1 de marzo de 2014

Documento 40 años: Parte III - ¿Que significó el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973?


Tercera Parte: ¿Que significó el golpe de estado?
El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 tiene una variedad de significados según como se aborde. Tiene una significación histórica, tiene una significación política, tiene una significación en cuanto al rol del Estado en la lucha de clases, también tiene una significación en torno al papel de la ideología, tiene enormes significados en relación con los aspectos de estrategia y táctica del proyecto revolucionario; de iniciativa política y militar, etc. Seguramente es posible encontrar más elementos, más conclusiones según vamos profundizando nuestra mirada en relación a ese proceso histórico. A continuación esbozaremos aquellos elementos que nos parecen principales.
Desde el punto de vista histórico marca el fin del Estado de Bienestar, en un país que jamás llegó a tener dicha condición respecto del modelo Europeo, pero que sin embargo al que la izquierda chilena socialdemócrata y reformista tuvo siempre como panacea e ideal a alcanzar. Sin embargo, el curso implacable de la historia, es decir, el curso de la lucha de clases, colocó ya no como dinamizador económico a dicha estrategia de desarrollo, sino que la transformó en su opuesto dialéctico, por lo tanto pasó a ser un obstáculo para la sobrevivencia del capitalismo, y comenzó a ser destruido o desarticulado según la magnitud de las fuerzas que se oponían a dicho proceso. Chile es el primer país en el mundo en donde se gestan las condiciones que le permitirían a la Burguesía local, con el interesadísimo auspicio del imperialismo en retrotraer a la sociedad a inicios del siglo XX, imponiendo por la fuerza un ajuste relevante al sistema económico y político que permitiera garantizar la libertad de emprendimiento sin las molestas trabas de los derechos y beneficios sociales, conquistados a través de 80 años de lucha y acumulación de fuerzas, que caracterizaban al Estado de Bienestar chilensis.
La significación política es todavía más importante, puesto que en nuestro “911”, al igual que en el estadounidense, observamos cómo fueron derribadas las paradigmáticas torres gemelas del reformismo y de la “vía chilena al socialismo”, a través del bombardeo decidido de la burguesía y el imperialismo, utilizando los contundentes métodos de la lucha de clases. Es decir, el enfrentamiento de clases debe ser asumido como un proceso de lucha explícita por el poder, con todos los medios a disposición de la vanguardia de los trabajadores, utilizando la violencia de clase cuando y donde sea necesario en función de los objetivos táctico/estratégicos. 
Tanto Trotsky como Robespierre coinciden en una conclusión que es atingente y oportuna cuando consideramos las consecuencias de no desarrollar una revolución como corresponde, o hacerla “a medias”, y este último lo dijo hace más de 250 años:
Quien hace una revolución a medias, lo único que hace es cavar su propia tumba”
Maximilien de Robespierre
A una revolución incompleta le sigue una contrarrevolución completa”
León Trotsky
Adicionalmente podemos concluir, en la perspectiva revolucionaria, que el hecho de no haber podido arrebatar la conducción de las más amplias masas, de las garras del reformismo obrero y pequeño burgués fue un factor clave en la derrota posterior. 
Por tanto, un movimiento revolucionario, que se plantee la lucha más decidida por el poder en un escenario favorable de la lucha de clases, debe siempre considerar que sin lograr la conducción de una porción significativa de las más amplias masas, esto es, derrotando ideológicamente a la burguesía en el frente estratégico más importante, que es el frente de guerra que se encuentra en el centro de nuestro “territorio”, en nuestra propia clase, jamás podrá tomar la iniciativa para luchar por el poder y siempre estaremos respondiendo reactivamente, apostando a la suerte de que uno u otro pequeño burgués destacado se pase al bando de los revolucionarios para hacernos la pega. Sin embargo, eso es dejar el destino de miles de vidas al buen arbitrio de la suerte, y lo que es peor, de la pusilánime iniciativa pequeñoburguesa, y no como debe ser, que es conseguir conscientemente la conducción de las masas a través de un proceso de guerra pensado y concebido desde la ciencia proletaria e histórica. Y ojo que cuando hablamos de guerra o enfrentamiento ideológico, significamos con esto nada distinto ni distinguible de la guerra y el enfrentamiento material y concreto.
El Estado, en general, desde la concepción materialista de la historia, es un órgano especial de opresión de una clase sobre la otra, en particular, durante la época del capitalismo, este órgano sirve a la clase dominante, es decir a la burguesía, en oposición al resto de las clases de la sociedad, pero particularmente en contra de su opuesto dialéctico, el proletariado. Durante el periodo 70-73, la unidad popular controlaba únicamente el aparato del gobierno, es decir, el ejecutivo, donde el presidente elegido en votación popular fue Salvador Allende. Sin embargo, el resto del aparato del Estado (Poder Judicial, Parlamento, FF.AA.), estuvo controlado siempre por los sectores tradicionales que habían estado allí, que es por lo tanto la burguesía y la pequeño burguesía. Por tanto, el poder real, estaba solo parcialmente en manos de la UP. Adicionalmente, si observamos el actuar del gobierno en relación con los sectores populares que lo apoyaban, ya tempranamente, en el periodo de la unidad popular se observan cruentas represiones a trabajadores y pobladores, represiones que terminan en muertos incluso o en humillaciones de parte del Estado hacia los trabajadores que debía representar. Y este proceso se agudiza a medida que el proletariado y los sectores populares va asumiendo su rol histórico y van tomando iniciativa, mientras más iniciativa se desarrolla en el campo popular mayor es la represión y el descontrol del gobierno, expresado en la pelea interburguesa derecha/DC/UP, respecto si permitir el avance de los “rotos” o reprimirlos, de “restaurar el orden y la paz social”, de “exigir el cumplimiento del Estado de derecho”, etc. Es decir, la burguesía resiente la pérdida de control sobre la situación social y sobre una parte del Estado, y reacciona virulentamente para restaurar el “orden natural de las cosas”; y en este proceso restaurador el Estado como cuerpo e instrumento de opresión, muestra toda su esencia y naturaleza finalmente a través del proceso de control de armas, con allanamientos y muertes, y en su ejercicio cúspide a través del mismo golpe de Estado y la feroz represión posterior; para que hablar de la transformación social, económica y política a la cual seríamos sometidos.
Aquiles Torres 

viernes, 21 de febrero de 2014

Documento 40 Años - Parte II: El Yunque y el martillo, dos tácticas de la Burguesía Chilena para la toma del poder


Segunda Parte: El Yunque y el martillo, dos tácticas de la Burguesía Chilena para la toma del poder
La unidad popular (UP), consiguió la victoria electoral el 4 de septiembre de 1970, con lo que se vio "coronado" un proceso de acumulación de fuerzas políticas y sociales durante más de 80 años de lucha de clases en Chile.
El 24 de Octubre de 1970, el Congreso validó la elección, tras un acuerdo entre la DC y la UP en donde la primera exigió el apoyo de la segunda para una reforma constitucional, conocida como el "Estatuto de Garantías Constitucionales", en donde la UP con Allende, se comprometían a respetar la constitución, y de esta forma estableciendo una suerte de "amarre" legal de la UP con la institucionalidad vigente.
Desde un inicio, tanto los EEUU, como la Burguesía local intentaron evitar el ascenso de Allende a la presidencia. Inmediatamente desplegaron dos planes, el primero de ellos consistía en que el Congreso eligiera presidente a Alessandri, segundo en las elecciones de septiembre, y que éste a continuación renunciara para convocar a nuevas elecciones, intentona que se desplomó debido al acuerdo secreto que tenía Allende con Radomiro Tomic, y mediante el cual el primero fue ratificado presidente por el Congreso. El segundo plan consistía en la desestabilización del país, a través del asesinato del comandante en jefe del ejército General René Schneider, con el propósito de inducir una intervención de las FF.AA. El intento de asesinato se realizó el día 22 de Octubre, fallando en primera instancia y quedando Schneider gravemente herido, pero vivo. Schneider falleció el 25 de octubre de 1970, un día después del ascenso de Allende.
En esta breve descripción, vemos como inmediatamente después de manifestada la voluntad popular en el voto de Allende en las elecciones presidenciales, se activa el plan desestabilizador y violento que tiene como instigadores y protagonistas principales al Imperialismo y a la Burguesía local. Sin mediar descanso ni interrupción estos operan en dos líneas, que luego se reiterarán majaderamente bajo formatos distintos, pero manteniendo su esencia: el amarre, la contención y la dilación a través del estatuto de garantías constitucionales, y paralelamente con la violencia política, a través del asesinato de Schneider. Ni siquiera un minuto esperaron los burgueses para romper con esta segunda maniobra toda la legalidad vigente a través de una acción de fuerza.
Esta estrategia, expresa dos movimientos, acciones o desarrollo de líneas tácticas independientes e incluso contradictorias, y que sin embargo están unidas dialécticamente en su esfuerzo estratégico. Mientras por un lado el amarre con la legalidad vigente actúa como un yunque que contiene y afirma la presa, por el otro, la acción de fuerza golpea contundentemente aquella para aniquilarla. Esta estrategia dual, de tácticas aparentemente inconexas y contradictorias, será la que marcará la actuación del imperialismo y la burguesía durante toda la UP.
Durante los meses que preceden el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, esta misma maniobra fue desarrollada por la Burguesía y el Imperialismo. Si bien –de acuerdo a lo que relatábamos anteriormente– no lograron impedir en la fase inicial de la lucha por el poder el ascenso de Salvador Allende a la presidencia, el enemigo de clases continuó bregando por desestabilizar al gobierno e impedir que las masas obreras y campesinas siguieran radicalizándose y ampliando la ofensiva que había comenzado a fines de los ’60, y que tuvo como consecuencia la llegada al poder ejecutivo del reformismo obrero y pequeñoburgués, que capitalizó políticamente el alza en la lucha de clases.
Recordemos que desde fines de los ‘60 se venían sucediendo tomas de fundo, corridas de cerco y una serie de acciones directas de masas, que se desplegaron en defensa de intereses concretos y también en respuesta a la ofensiva patronal que se desplegaba; del mismo modo lo fueron las tomas de fábricas y empresas que quedaron fuera de las 90 empresas estratégicas que pasaron al área social, para dar cumplimiento al programa de la UP. Así es como organizaciones revolucionarias como el MIR, que tenía militantes que participaban y apoyaban estas acciones, comprende que este tipo de iniciativa expresa el sentir más profundo de las clases explotadas: proletarios rurales y urbanos, campesinos pobres y en consecuencia hace suya la que luego se denominaría como la política del poder popular1.
Al fragor de la lucha de clases, que se intensifica mes a mes, el gobierno de la Unidad Popular vacila constantemente, su esencia pequeñoburguesa no le permite seguir a las masas obreras y campesinas que por todos lados desbordan la legalidad burguesa, haciendo suyas las demandas históricas de las clases explotadas, no ya en un sentido puramente discursivo, sino que –¡Horror de horrores, en la práctica concreta!– En definitiva la UP se ve acorralada entre el impulso de las masas proletarias y campesinas, y las intentonas de la burguesía de sabotear el gobierno popular, para retomar el poder político.
En estas condiciones, se realiza el cónclave de Lo Curro, de Junio de 1972, en donde se disputan dos líneas principales, contradictorias al interior del gobierno de la UP: el consolidar para avanzar (PC, PR) versus el avanzar sin transar (PS). Si bien las dos alternativas están en disputa dentro del marco de la legalidad, es claro que la segunda, intenta apoyar y tal vez apropiarse de lo que sucede en los cordones industriales, en los fundos tomados y en los comandos comunales; es decir, intenta institucionalizar el poder popular que se ha construido en las calles con el protagonismo del movimiento popular. Sin embargo, triunfa en dicho cónclave la alternativa de derecha, contraria a los intereses del campo popular, que busca morigerar las contradicciones de clase que se desarrollan aceleradamente, confiando a la legalidad y a los “expertos”, el manejo económico del país.
Un par de meses antes, en marzo de 1972, el gobierno de la UP detuvo a un alto oficial de las FF.AA. Y a un grupo de conspiradores que preparaban una intentona golpista. Como vemos, a mediados del gobierno de la UP, continuaba imparable el desarrollo de la lucha decidida por el poder encabezada por la burguesía y el imperialismo que combinaba dos tácticas dislocadas, aparentemente contradictorias, pero unidas dialécticamente en su objetivo estratégico.
El resultado de estas conversaciones, y el triunfo de la línea de derecha, resulta en una serie de conversaciones y negociaciones entre la UP y la DC, entre la UP y la iglesia y que luego da paso a la incorporación de los generales de las FFAA al gabinete de gobierno. En paralelo se suceden un par de hechos de importancia: la detención, tortura y encarcelamiento de los marinos organizados para defender al proceso de la UP y la aprobación de la ley de control de armas. Este paso marcará un giro táctico que anuncia lo que se viene, fíjense que al proceso de contención y amarre desde la legalidad burguesa se le suma el componente de la violencia pero no ya desde fuera de la institucionalidad, sino que desde ella misma, ubicando o más bien reforzando el carácter de clase del Estado y asumiendo su rol represivo en contra del movimiento popular y de los sectores más organizados y peligrosos para las intenciones de la burguesía y del imperialismo, es decir, quienes se organizan para desarrollar una defensa o lucha activa y armada de los intereses del campo popular.
1Para ver más en detalle el tema del poder popular: “Poder Popular y Coyuntura Política”, Julio de 2011, http://almanaquenegro2.blogspot.com/2011/07/poder-popular-y-coyuntura-politica-alma.html
(continuará...)

domingo, 16 de febrero de 2014

Documento 40 años - Parte I: Lectura sobre el golpe de Estado de 1973


Documento 40 años - Lectura sobre el golpe de Estado de 1973

Introducción
Este conjunto de artículos fueron elaborados con la intención de publicarlos en la coyuntura de los 40 años del golpe de estado en Chile, durante Septiembre / Octubre del año 2013, sin embargo, distintas situaciones de orden anecdótico impidieron que este conjunto saliera al público. Sin embargo lo anterior, la situación que vive hoy día el pueblo Venezolano y en particular el proletariado y sectores populares de carácter revolucionario, con el evidente intento de imprimir el carácter de golpe de estado a las movilizaciones que se desarrollan actualmente, promovidas por la Burguesía Local y por el Imperialismo, apoyados por todas las burguesías latinoamericanas y sus medios de prensa nos han impulsado a publicar estos artículos que nos parecen de interés para quienes revisan hoy desde la óptica de la lucha de clases y del marxismo revolucionario, la grave crisis política de Venezuela. 
Es importante aclarar, que en mi opinión, la defensa acrítica del gobierno venezolano es un completo error, puesto que en el proceso de lucha de clases, tanto en Venezuela, como en otras situaciones históricas de características similares, los gobiernos burgueses (por más progresistas o "revolucionarios" que estos parezcan), siempre han cumplido un rol restaurador del régimen de la burguesía y de la reacción, ya sea por acción o por omisión, no existen excepciones, desde el gobierno provisional que asumió el poder en Rusia, luego de la revolución de Febrero de 1917, pasando por el gobierno de la UP en Chile que asumió en el año 1971, por victoria electoral, y así mismo el gobierno de Venezuela con sus 14 o 15 años de "socialismo" del siglo XXI.
Las lecciones históricas están dadas, el paso del capitalismo hacia el verdadero socialismo, aquel en donde, y debemos señalarlo sin pudor, el proletariado ejercerá una dictadura feroz en contra de sus adversarios históricos y de clase, no será jamás en forma pacífica, no será tampoco jamás desarrollada en un país aislado sin la intervención de el o los imperialismos vigentes. Será una lucha dura, cruenta y larga, mientras no se produzca una derrota estratégica y definitiva del capitalismo a nivel mundial.
 Es por esto que observamos con preocupación la intervención burguesa e imperial en Venezuela, que debemos señalarlo claramente, no es sorpresa, y que esperamos que la iniciativa revolucionaria del proletariado venezolano sepa sortear ejerciendo el verdadero poder de la clase más revolucionaria de la historia, superando las pusilánimes conducciones reformistas y en definitiva derribando por la izquierda la pantomima de socialismo que hasta ahora se ha construido.

Primera Parte:  Proyectos en disputa en el campo popular
El 11 de septiembre de 1973, se cierra un periodo político de amplia disputa entre las clases que en ese momento componían la sociedad de este país. En el ámbito de la burguesía se pueden distinguir dos segmentos, la burguesía “financiera” y comercial, aliada del imperialismo y la burguesía industrial de carácter manufacturera, precaria y sometida siempre a los designios del imperialismo y sus cohortes nacionales, sin proyecto propio. Además, también dentro del ámbito del dominio de la burguesía una amplia pequeño burguesía compuesta por multiplicidad de segmentos de la población: empleados fiscales, gremios profesionales, pequeños comerciantes, transportistas y campesinos, cuya máxima característica es su apego a la legalidad, su fe democrática y ciudadana, su tradición republicana y otra serie de mitos infundidos por la burguesía. Finalmente la existencia de un proletariado urbano y rural, en estrecha asociación con el campesinado más pobre y con el campesinado pobre indígena, es decir los Mapuche.
Al referirnos al campo popular, hablaremos de aquel conjunto de clases de la formación económica y social que excluye a la burguesía, es decir, será por tanto la suma de sectores que agrupa a la pequeño burguesía, al proletariado y al campesinado pobre. Y cuando hablamos de los proyectos en disputa, nos referimos a todos aquellos proyectos que excluyen al proyecto explícito de la burguesía, dado que se encontraba en crisis de conducción y no tenía una salida política clara, o proyecto claro que condujera y hegemonizara los destinos del país.
Sin embargo lo anterior, los proyectos en disputa en el periodo 70-73 son básicamente cuatro, el primero, representado en las elecciones del '70 por Alessandri, de representación de la oligarquía, aislado y sin un proyecto distinto al del libre mercado, combinado con aspectos propios del conservadurismo criollo más rancio y reaccionario. Luego, tenemos dos proyectos burgueses, que son en esencia lo mismo, representados en Tomic con la Revolución en Libertad, es decir la DC, que podríamos decir ante el avance de la lucha de clases, la burguesía se disfraza de progresista e intenta cooptar las consignas y programas del reformismo para controlar los cambios, morigerarlos y hacerlos insignificantes. En segundo lugar, el programa de la UP, representada por Allende, el PC, el PS, la IC y el MAPU que era prácticamente idéntico al anterior, y que proponía la vía chilena al socialismo, por cauce pacíficos, legal y electoral. El último proyecto en disputa en el periodo pre-revolucionario del 70-73, fue el de la izquierda revolucionaria que propugnaba la toma del poder político para la construcción del socialismo a través de la fuerza, de los trabajadores y el pueblo organizados. Este proyecto y su estrategia está principalmente representada por el MIR, y un segmento del PS, el MIR tenía la estrategia de guerra del pueblo.
La lucha de clases y las condiciones internacionales de crisis, agudizaron las contradicciones al interior del país, desgastando la legitimidad y condiciones de conducción política de la derecha más tradicional; en lógica de dominación hegemónica, lo que se comienza producir es un resquebrajamiento en la hegemonía ideológica de la dominación a gran escala, la propia lucha y organización de los trabajadores y el pueblo comienza a despejar la cortina, la neblina que significa la dominación capitalista, y los explotados empiezan a comprender tímidamente sus verdaderos intereses y a luchar por estos. De esta forma, al igual que hoy, la representación burguesa de la oligarquía más rancia, pierde capacidad de conducción política y comienza a ser sobrepasada por quienes tienen a su haber la representación política de las más amplias masas, que se ubican un grado más a la izquierda, la DC, el PS, el PC, entre otros; ellos recogen las banderas levantadas por el proceso de lucha, morigerando en mayor o menor grado, las profundas consecuencias políticas, y sobretodo desvirtuando ese proceso con una visión plenamente burguesa de las transformaciones. En este sentido, tanto DCs como UPs, plantean un proceso transformador que respeta la propiedad privada, que respeta la legalidad; en el caso particular del PC, este se plantea la existencia de una burguesía nacional aliada del proletariado y enemiga del imperialismo; que pueden dar sustento y piso político a un proceso de transformación nacionalizador de recursos naturales y de características desarrollistas e industrializadoras.
Como vemos, en el caso de la UP, y del PC en particular lo que se plantea es un proyecto de revolución democrática y burguesa, con elementos propios de un país en condiciones de dominación política y económica del imperialismo, es decir, el esquema típico de liberación nacional sin el componente militar. Por lo tanto, relegando las tareas de la revolución socialista para un futuro indefinido. Complementario con esto, las tareas democráticas incluyen el desarrollo industrializador del país, a partir primero de la nacionalización de los recursos naturales, como eje del desarrollo nacional. Esto supone condiciones de dominación y sojuzgamiento de la burguesía nacional, explotada por el imperialismo, de forma tal que, podría ser convocada a un proyecto liberador, de forma tal de construir un país soberano, libre y desarrollado.
Cualesquiera sean las razones y fundamentos para este proyecto, la realidad y los hechos demostraron trágicamente que dicha burguesía nacional no existía, al menos en la forma en la cual el reformismo la describía, y los sucesos demostraron que la burguesía “nacional”, era absolutamente pro-imperialista, y que no tenía el más mínimo interés en construir un proyecto nacional emancipador del imperialismo y menos desarrollista, en el sentido industrializador. Podríamos considerar incluso que dicha intención burguesa existía realmente, sin embargo en el desarrollo de la lucha y las contradicciones de clase interburguesas, en la agudización del conflicto y ante la eventualidad de una revolución de carácter socialista, dicha porción de la burguesía perdió rápidamente su condición o interés nacional y abandonó su proyecto emancipador, si es que alguna vez lo tuvo. Este punto es importante destacarlo, ya que en la historia no existen solo blancos y negros, y siempre hay matices, por tanto, en la medida en que el desarrollo de las contradicciones de clase se agudizan y en que la correlación de fuerzas se mueve significativamente a favor de los sectores populares, a la burguesía en conjunto se le erizan las pelambres y se atrincheran a la sombra y protección del papá imperial, abandonando cualquier atisbo de proyecto nacional desarrollista.
Sin embargo, y he aquí que la historia de esta época se hace más trágica, el esfuerzo transformador hegemónico, como ya lo hemos planteado, estaba fundamentado en una concepción totalmente burguesa de la realidad, por un lado, y por el otro en una visión de carácter idealista. Cuando hablamos del “esfuerzo transformador hegemónico”, nos referimos ciertamente al programa de la UP, a la “vía chilena al socialismo”, un programa y políticas en esencia pequeñoburgués e idealista puesto que basa su política en un diagnóstico incorrecto, es decir, asume la existencia de una burguesía nacional, con proyecto de desarrollo, emancipadora en relación al imperialismo, que puede constituirse en aliada del proletariado en el desarrollo de las tareas democráticas. Cuyo fundamento ideológico no pasa del idealismo pequeño burgués al suponer que con el solo y único hecho de contar con las mayorías populares en el parlamento y con dichas mayorías expresadas en el control del gobierno, sería suficiente para desarrollar y concretar un proyecto emancipador, craso error. Resulta que toda esta parafernalia democrática y legalista, tiene un fundamento teórico esencial, y este es, la negación de la lucha de clases, la negación del enfrentamiento histórico que significa la lucha de clases, y por lo tanto la negación misma de la existencia de clases sociales antagónicas. De esta forma, la UP, Salvador Allende y sus colaboradores, en gran medida utilizan un lenguaje “revolucionario”, hablan incluso de lucha de clases, sin embargo lo realizan en un sentido puramente retórico, puesto que en la práctica actúan en sentido contrario, intentan suavizar el enfrentamiento, contener la organización y autonomía de los trabajadores proletarios, y finalmente abren flancos decisivos para la contra ofensiva burguesa.
En resumen, los proyectos principales que se enfrentan en el periodo 70-73, son dos, el proyecto de la “vía chilena al socialismo”, de carácter utópico y fantasioso, en esencia concebido bajo el amparo ideológico de la pequeño burguesía; y que capitula trágicamente como proyecto al negarse a tomar iniciativa hacia la toma del poder, por su obsesión malsana, incluso mitológica por la legalidad burguesa y por el respeto a las instituciones. El segundo proyecto en disputa de significancia es el proyecto de los sectores revolucionarios, que a la postre fue derrotado política y militarmente, más no capituló. Este proyecto, que se planteaba la lucha por el socialismo a través de todas las formas de lucha, legales e ilegales, fue incapaz de madurar lo suficiente para ganar conducción al proyecto reformista, no fue capaz de desarrollar iniciativas tácticas en los momentos clave que le permitieran desembarazarse del peso de la conducción reformista para construir camino propio, fue incapaz de salir de su táctica insurreccional defensiva; puesto que también infundido de algún grado de confianza hacia el proyecto reformista; subordinó la propia iniciativa a la pusilánime inacción del gobierno popular que no fue capaz de defenderse así mismo, de convocar a las masas a la guerra civil abierta en defensa de sus verdaderos intereses; en ese sentido y humildemente intentamos reflexionar sobre esto, el proyecto de la izquierda revolucionaria, tampoco maduró ideológicamente lo suficiente como para desembarazarse en el momento decisivo del proyecto pequeñoburgués y de su conducción para tomar la iniciativa y provocar un cambio en la situación de retroceso y repliegue del movimiento de masas de los últimos meses del ’73.
Aquiles Torres


viernes, 6 de septiembre de 2013

40 años - La Lucha Continúa!!! (06/09/2013)



Este año se cumplen 40 años del golpe militar del 11 de Septiembre de 1973. Este hecho que marca la historia presente, sucedió como respuesta de la burguesía a un proceso de ascenso permanente de la lucha que las masas de trabajadores desarrollaron, particularmente a partir de finales de los '60. Esta fue la culminazión de un proceso de acumulación de fuerzas populares que se desarrolló a lo largo de 80 años de lucha de clases, de 80 años en donde trabajadores y campesinos desarrollaron diversos procesos de lucha y de acumulación de fuerzas, de construcción de espacios sociales, mancomunales, sindicatos, organizaciones de masas, políticas, revolucionarias y militares.

El golpe militar expresa la necesidad de la burguesía, de los empresarios, de resolver la crisis política que desarrolló a partir de la elección de allende en 1970. El reformismo instalado en el gobierno, intentó cumplir su programa, bajo el asedio de los empresarios, y del imperialismo, recibiendo ataques de distinto carácter, con marchas, bombazos a las torres de electricidad, sabotaje al comercio, a la producción y al transporte. Los empresarios utilizaron todos los medios a su disposición, los legales y los ilegales para combatir al gobierno popular, y ante la agudización del conflicto y al no poder derrocar al gobierno mediante las opciones legales disponibles, y al presentar la UP un gran apoyo de masas, no quedó otra opción que recurrir de manera más decidida a la opción militar.

El reformismo, representado en el gobierno de Allende por Él mismo, por el Partido Comunista y el Partido Socialista, entre otros, nunca tomó una opción decidida de ofensiva en contra de la burguesía, nunca fue capaz de materializar el gran apoyo de masas con que contaba en un proceso de ofensiva político y militar que derrocase verdaderamente el poder burgués, no solo desde el gobierno sino que también desde la conducción de las grandes empresas, de la conducción de la economía en el banco central y en la banca privada, desde la conducción de las fuerzas militares, es decir desde los centros en donde el poder reside realmente. Y no lo hicieron porque su carácter, el carácter del reformismo, y del ciudadanismo es escencialmente burgués, por tanto, respetuoso de las instituciones y de la legalidad vigente, que es  por cierto totalmente burguesa.

Los trabajadores y las masas populares, encabezaron ofensivas decididas y numerosas efectivamente en contraposición a la legalidad burguesa, paradógicamente en defensa del propio gobierno popular que no era capaz de defenderse así mismo. Los trabajadores y las masas populares se tomaron fundos, empresas y comercios; establecieron mecanismos paralelos de distribución de mercancías, desarrollaron una iniciativa que superó rápida y eficazmente a la legalidad y resolvieron, donde existieron, las problemáticas básicas económicas que los aquejaban y avanzaron en su nivel de conciencia a partir de la resolución por sus propias manos de sus necesidades concretas y a partir de acá defendieron el gobierno popular, que de paso les dió la espalda cuando solicitaron el apoyo desde el gobierno central y por tanto la agudización de la lucha de clases apoyada desde las instituciones del gobierno. Numerosos son los ejemplos: El complejo maderero industrial panguipulli, El cordón industrial cerrillos, El cordón industrial vicuña mackena, los comandos comunales, etc.

En este contexto, las organizaciones revolucionarias de la época asumieron la táctica del Poder Popular, no como una invención o creación propia, sino como la correcta interpretación o síntesis de la expresión de lucha que desarrollaban las masas en defensa de sus propios intereses. De esta forma, ya no solo los trabajadores y las masas populares desarrollaban la iniciativa del Poder Popular, sino que también organizaciones revolucionarias impulsaban dicha política a partir de sus esfuerzos de construcción política, orgánica, de masas, de agp y militar.

¿Por que perdimos entonces? Lo primero a señalar, es que la derrota no fue de un partido, ni de un sector en específico, la derrota política y militar de 1973 fue de todo un pueblo, del conjunto de la clase trabajadora, en manos de la burguesía y del imperialismo. Lo segundo, es que como ya señalamos, el reformismo, y por tanto el pensamiento o ideología pequeñoburguesa, predominó y fue hegemónico durante esa época. Correspondientemente, los sectores que desarrollaban la política del Poder Popular, eran minoritarios y su grado de desarrollo e influencia no fue suficiente como para conquistar a la mayoría de los sectores que apoyaban a la Unidad Popular, de forma de haber materializado una verdadera ofensiva política y militar sobre la burguesía. El MIR en una evaluación de su comisión política de diciembre de 1973, señala con claridad, desde la perspectiva de los revolucionarios las causas profundas de la derrota:

“En lo fundamental perdimos la batalla antes, cuando no fuimos capaces de desplazar al reformismo en la conducción del movimiento de masas. (…) No podíamos en horas, en el terreno militar, recuperar el terreno político que no fuimos capaces de conquistar entre las masas los meses anteriores."[1]

Los efectos del golpe de estado fueron devastadores, estos produjeron un amplio repliegue de las masas que hasta hace solo algunos meses habían protagonizado movilizaciones de más de 1 millón de personas marchando por la alameda. La represión se ensañó con los sectores de masas más activos durante la UP, el asesinato y muerte de los sectores más combativos fue feroz. Curiosamente a pesar de que el reformismo se portó, entrecomillas, bien con la burguesía sobre la UP, también fue diezmado, es necesario señalar que el PC perdió por lo menos 2 direcciones nacionales completas en manos de la represión, pues bien, pagaron cara su ingenuidad pequeñoburguesa.

Desde el punto de vista económico, la burguesía resolvió la crisis eliminando todas las trabas que hasta entonces le impedían acrecentar su tasa de ganancia, esto es, se dió el lujo como en ningún otro lugar del mundo de exterminar de un plumazo todos los derechos y conquistas de la clase trabajadora acumuladas en 80 años de lucha, y desde un punto de vista más teórico, mandaron al traste de la basura  a la estructura política, económica y social que era conocida como Estado de Bienestar. De esta forma, dejando campo abierto para hacer sus negocios en áreas como Educación, Salud, Vivienda Social, etc. Comenzó el proceso de depredación de la naturaleza como nunca antes había sido visto, y fundamentalmente los niveles de explotación de la mano de obra se acrecentaron significativamente. Tanto es así que a principios de los '80, el triunfo político y militar les permitió asaltar nuevamente a los bolsillos de los proletarios a través de la creación de las AFP, privatización explícita del sistema de pensiones y además apropiación obligada de un porcentaje adicional del salario de cada trabajador para ser entregado en bandeja a la banca nacional primero, y luego, en el año 2002, a las empresas multinacionales.

Pero no todo fue tan fácil, los trabajadores, el pueblo y sus organizaciones revolucionarias siguieron bregando para construir un futuro mejor. Es así como, recompuestos después de la senda derrota, el MIR desarrolla su conocido plan '78, que consistía en desarrollar diversos tipos de fuerzas militares, poninedo acento en dos procesos paralelos, el primero era el desarrollo de una guerrilla rural en dos zonas de inserción, Neltume en la cordillera de Valdivia y en Nahuelbuta en la cordillera de la costa cerca de concepción. El segundo tipo de fuerza a construir eran lo que más tarde se conocería como la "resistencia", unidades de guerrilla urbana, que inicialmente fueron desarrollándose como milicias locales que desarrollaron una serie de acciones de sabotaje incendiario sobre diversos objetivos tales como centros de diversión de los ricos, voladura de torres, recuperación y repartición de bienes de consumo básico, ajusticiamiento de colaboradores, etc. Lamentablemente la guerrilla rural fue detectada en su fase de instalación no pudiendo tener un desarrollo mayor, y en términos generales la apuesta se adelantó un año a un nuevo ciclo de alza en la lucha de masas, por tanto, no logró entroncar políticamente el esfuerzo que se desarrollaba con el proceso de lucha que se venía.

Por otro lado, el PC, siempre reformista, a fines de los '70 había recompuesto en algo sus fuerzas, y es necesario señalar que este partido, de amplias masas obreras, seguía teniendo un gran arraigo en la clase trabajadora chilena, por tanto, contaba con una retaguardia social importante. De esta forma, estableció un plan de lucha en contra de la dictadura, que incorporó el componente militar, en una perspectiva únicamente táctica, esto es, que manteniendo su estrategia reformista de lograr reconquistar la democracia burguesa, para a partir de allí reformar al estado capitalista y conquistar el socialismo por vía pacífica. En consecuencia, el PC, transformó a la mayoría de sus cuadros jóvenes que estudiaban entonces medicina en Cuba, en estudiantes de las academias militares de dicho país, conformando un contingente que más tarde sería conocido como el FMPR.

El FPMR era la estructura militar del PC, por lo tanto, el FPMR se subordinaba a la estrategia y tácticas definidas por el partido, de esta forma, siempre, el FPMR tuvo como objetivo debilitar a la dictadura de forma de lograr recuperar la democracia burguesa, y  no tenía como objetivo la toma del poder, ni la construcción del socialismo vía el enfrentamiento militar.

Por otro lado, en los '80 se desarrollaron dos procesos amplios de lucha, los más significativos, que fueron el año '83, debido a la crisis mundial económica de principios de los '80, que sumado a las medidas neoliberalizadoras de la junta militar y los chicago boy's pauperizaron enormemente a grandes capas de trabajadores del país, como ya dijimos, conculcando los derechos obtenidos en 80 años de lucha previos. Luego el año 1986, se desarrollan las mayores protestas populares nunca vistas, y es en ese contexto, en donde el FMPR realiza sus más espectaculares acciones, justo en un año en donde la lucha popular arrecia, a diferencia del MIR, el frente actúa en los mismos momentos en donde la lucha de masas es más aguda. En este contexto se da el fallido atentado a Pinochet. De este año surgen aquellas agrupaciones políticas que darán nacimeinto a la concertación, existe por otro lado una agrupación conocida como MDP, que agrupa a diferentes organizaciones políticas y de masas, la cual será deshecha por los operadores políticos del reformismo, para dar cabida a la salida pactada de la dictadura.

El fin de la dictadura es forzado por varios procesos. En primer lugar el amplio desarrollo de la lucha de clases, y el importante ascenso de la lucha de masas, en donde el protagonista es el pueblo trabajador, sumado al referente político militar que significa el FPMR y otras organizaciones armadas, ponen en riesgo la inversión extranjera, por tanto los intereses del capitalismo internacional o también conocido como imperialismo, principalmente representado en Estados Unidos. Entonces, el accionar de las masas movilizadas y en lucha, pone en riesgo la seguridad del capital, por tanto, la dictadura militar ya no da garantías suficientes al proceso de reproducción capitalista, de esta forma, el imperialismo y la propia burguesía local, presionan a los militares para pactar una salida a la dictadura que descomprima la tensión acumulada. Esta situación entronca perfectamente con los intereses reformistas, que solo buscan una salida democrática y no la profundización de la lucha por el derrocamiento de los patrones, de esta forma, y coherentemente con su política, una vez cerrado los acuerdos entre el imperialismo, la burguesía nacional y los sectores que "representan" a los trabajadores y el pueblo, el PC, su principal representante, desmoviliza a su fuerza militar, es decir al FPMR.

Esto produce un efecto en cadena. El FPMR se quiebra entre quienes quieren seguir la lucha, ya no solo para derrocar la dictadura sino que también para luchar por el poder para construir el socialismo, versus quienes acatan la línea reformista del PC. De ahí surge lo que sería conocido como Frente PC y el FPMR autónomo, conducido por José Miguel, Raúl Pelegrin, y Tamara, Cecilia Magni.

En este escenario es pactada la salida de la dictadura a través del plebiscito del '88. Dada que nuevamente la conducción hegemónica de los trabajadores y del pueblo y de sus organizaciones con más peso sigue siendo reformista, en oposición a la conducción revolucionaria, el pueblo se vuelca decididamente a conquistar la democracia a través del voto, abandonando rápidamente la lucha directa, violenta y revolucionaria. Es necesario destacar aquí, nuevamente la importancia de la conducción pequeñoburguesa, reformista y ciudadanista, que difunde permanentemente el apego a las instituciones y a la legalidad, por más ilegítimas que estas sean.

Y bueno, el gran triunfo del plebiscito del '88, inaugura la peor de las derrotas de la clase trabajadora de este país. Engañados, frente a un supuesto triunfo, abandonamos rápidamente la lucha, y nos creemos el cuento de la democracia. Por supuesto que, quedan algunos porfiados, pero son los menos, que quedan aislados, dispersos y atomizados. El pueblo en su conjunto acepta la salida democráctica como un triunfo propio, y legitima sin mayores problemas a los cuatro gobiernos de la concertación y al gobierno de la derecha finalmente.

Durante los 23 últimos años de "democracia", el robo descarado al bolsillo de los trbajadores fue profundizado por cada uno de los gobiernos, todos ellos representantes de la burguesía nacional y del imperialismo. Nunca se adoptó una medidad que beneficiara en el largo plazo a los trabajadores y al pueblo, el nivel de concentración de la riqueza en este país, no tienen parangón alguno en ningún otro país en la tierra. Es por eso que cuando los burgueses hablan de Chile en el extranjero, siempre dicen que los burgueses de otras tierras nos ven con admiración. Y tienen toda la razón, este es un paraíso para la superexplotación de la mano de obra, en donde hasta hace poco, nadie reclamaba nada  y todos aceptábamos las imposiciones arbitrarias que el capitalismo nos imponía.

Pero, como la historia es porfiada y la lucha de clases es implacable, el propio efecto de esta depredación, que es el destino inexorable del capitalismo nos ha despertado, y las fuerzas proletarias han comenzado a dar nuevamente la pelea, no por una teoría en especial ni por una ideología en particular. El proceso de lucha se desata, porque las condiciones concretas de vida comienzan a ser insufribles nuevamente, y la gente a pesar de vivir en el sopor consumista, comienza a liberarse de la dominación que la mantuvo dormida tantos años. Sin embargo, a pesar de que esta liberación inicial de la dominación es por necesidades concretas, es sumanente vital rescatar las lecciones de lucha, la historia de lucha de nuestro pueblo. Las experiencias de lucha pasadas son riquícimas y debemos aprender de ellas para no cometer los mismo errores, debemos rescatar lo bueno y desechar lo malo. Debemos teorizar nuestra práctica, porque al enemigo que enfrentamos es poderosísimo, y no solo es la burguesía local sino que es a su hermano grande el imperialismo a quien también hay que derrotar. Y ellos son muy inteligentes, nos dieron una enorme lección en 1973 y a lo largo de los años, no solo nos asesinaron, también nos convencieron de que su sistema es el mejor. Por lo tanto, no basta con luchar espontáneamente ni inmolarse en la primera pelea, necesitamos acumular nuevamente las fuerzas sociales, orgánicas, políticas y militares que nos llevarán al triunfo definitivo. Y cuanto antes mejor!

Preparado por Programa Piloto



[1]Comisión Política del MIR, Diciembre de 1973