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sábado, 1 de marzo de 2014

Documento 40 años: Parte III - ¿Que significó el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973?


Tercera Parte: ¿Que significó el golpe de estado?
El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 tiene una variedad de significados según como se aborde. Tiene una significación histórica, tiene una significación política, tiene una significación en cuanto al rol del Estado en la lucha de clases, también tiene una significación en torno al papel de la ideología, tiene enormes significados en relación con los aspectos de estrategia y táctica del proyecto revolucionario; de iniciativa política y militar, etc. Seguramente es posible encontrar más elementos, más conclusiones según vamos profundizando nuestra mirada en relación a ese proceso histórico. A continuación esbozaremos aquellos elementos que nos parecen principales.
Desde el punto de vista histórico marca el fin del Estado de Bienestar, en un país que jamás llegó a tener dicha condición respecto del modelo Europeo, pero que sin embargo al que la izquierda chilena socialdemócrata y reformista tuvo siempre como panacea e ideal a alcanzar. Sin embargo, el curso implacable de la historia, es decir, el curso de la lucha de clases, colocó ya no como dinamizador económico a dicha estrategia de desarrollo, sino que la transformó en su opuesto dialéctico, por lo tanto pasó a ser un obstáculo para la sobrevivencia del capitalismo, y comenzó a ser destruido o desarticulado según la magnitud de las fuerzas que se oponían a dicho proceso. Chile es el primer país en el mundo en donde se gestan las condiciones que le permitirían a la Burguesía local, con el interesadísimo auspicio del imperialismo en retrotraer a la sociedad a inicios del siglo XX, imponiendo por la fuerza un ajuste relevante al sistema económico y político que permitiera garantizar la libertad de emprendimiento sin las molestas trabas de los derechos y beneficios sociales, conquistados a través de 80 años de lucha y acumulación de fuerzas, que caracterizaban al Estado de Bienestar chilensis.
La significación política es todavía más importante, puesto que en nuestro “911”, al igual que en el estadounidense, observamos cómo fueron derribadas las paradigmáticas torres gemelas del reformismo y de la “vía chilena al socialismo”, a través del bombardeo decidido de la burguesía y el imperialismo, utilizando los contundentes métodos de la lucha de clases. Es decir, el enfrentamiento de clases debe ser asumido como un proceso de lucha explícita por el poder, con todos los medios a disposición de la vanguardia de los trabajadores, utilizando la violencia de clase cuando y donde sea necesario en función de los objetivos táctico/estratégicos. 
Tanto Trotsky como Robespierre coinciden en una conclusión que es atingente y oportuna cuando consideramos las consecuencias de no desarrollar una revolución como corresponde, o hacerla “a medias”, y este último lo dijo hace más de 250 años:
Quien hace una revolución a medias, lo único que hace es cavar su propia tumba”
Maximilien de Robespierre
A una revolución incompleta le sigue una contrarrevolución completa”
León Trotsky
Adicionalmente podemos concluir, en la perspectiva revolucionaria, que el hecho de no haber podido arrebatar la conducción de las más amplias masas, de las garras del reformismo obrero y pequeño burgués fue un factor clave en la derrota posterior. 
Por tanto, un movimiento revolucionario, que se plantee la lucha más decidida por el poder en un escenario favorable de la lucha de clases, debe siempre considerar que sin lograr la conducción de una porción significativa de las más amplias masas, esto es, derrotando ideológicamente a la burguesía en el frente estratégico más importante, que es el frente de guerra que se encuentra en el centro de nuestro “territorio”, en nuestra propia clase, jamás podrá tomar la iniciativa para luchar por el poder y siempre estaremos respondiendo reactivamente, apostando a la suerte de que uno u otro pequeño burgués destacado se pase al bando de los revolucionarios para hacernos la pega. Sin embargo, eso es dejar el destino de miles de vidas al buen arbitrio de la suerte, y lo que es peor, de la pusilánime iniciativa pequeñoburguesa, y no como debe ser, que es conseguir conscientemente la conducción de las masas a través de un proceso de guerra pensado y concebido desde la ciencia proletaria e histórica. Y ojo que cuando hablamos de guerra o enfrentamiento ideológico, significamos con esto nada distinto ni distinguible de la guerra y el enfrentamiento material y concreto.
El Estado, en general, desde la concepción materialista de la historia, es un órgano especial de opresión de una clase sobre la otra, en particular, durante la época del capitalismo, este órgano sirve a la clase dominante, es decir a la burguesía, en oposición al resto de las clases de la sociedad, pero particularmente en contra de su opuesto dialéctico, el proletariado. Durante el periodo 70-73, la unidad popular controlaba únicamente el aparato del gobierno, es decir, el ejecutivo, donde el presidente elegido en votación popular fue Salvador Allende. Sin embargo, el resto del aparato del Estado (Poder Judicial, Parlamento, FF.AA.), estuvo controlado siempre por los sectores tradicionales que habían estado allí, que es por lo tanto la burguesía y la pequeño burguesía. Por tanto, el poder real, estaba solo parcialmente en manos de la UP. Adicionalmente, si observamos el actuar del gobierno en relación con los sectores populares que lo apoyaban, ya tempranamente, en el periodo de la unidad popular se observan cruentas represiones a trabajadores y pobladores, represiones que terminan en muertos incluso o en humillaciones de parte del Estado hacia los trabajadores que debía representar. Y este proceso se agudiza a medida que el proletariado y los sectores populares va asumiendo su rol histórico y van tomando iniciativa, mientras más iniciativa se desarrolla en el campo popular mayor es la represión y el descontrol del gobierno, expresado en la pelea interburguesa derecha/DC/UP, respecto si permitir el avance de los “rotos” o reprimirlos, de “restaurar el orden y la paz social”, de “exigir el cumplimiento del Estado de derecho”, etc. Es decir, la burguesía resiente la pérdida de control sobre la situación social y sobre una parte del Estado, y reacciona virulentamente para restaurar el “orden natural de las cosas”; y en este proceso restaurador el Estado como cuerpo e instrumento de opresión, muestra toda su esencia y naturaleza finalmente a través del proceso de control de armas, con allanamientos y muertes, y en su ejercicio cúspide a través del mismo golpe de Estado y la feroz represión posterior; para que hablar de la transformación social, económica y política a la cual seríamos sometidos.
Aquiles Torres 

viernes, 21 de febrero de 2014

Documento 40 Años - Parte II: El Yunque y el martillo, dos tácticas de la Burguesía Chilena para la toma del poder


Segunda Parte: El Yunque y el martillo, dos tácticas de la Burguesía Chilena para la toma del poder
La unidad popular (UP), consiguió la victoria electoral el 4 de septiembre de 1970, con lo que se vio "coronado" un proceso de acumulación de fuerzas políticas y sociales durante más de 80 años de lucha de clases en Chile.
El 24 de Octubre de 1970, el Congreso validó la elección, tras un acuerdo entre la DC y la UP en donde la primera exigió el apoyo de la segunda para una reforma constitucional, conocida como el "Estatuto de Garantías Constitucionales", en donde la UP con Allende, se comprometían a respetar la constitución, y de esta forma estableciendo una suerte de "amarre" legal de la UP con la institucionalidad vigente.
Desde un inicio, tanto los EEUU, como la Burguesía local intentaron evitar el ascenso de Allende a la presidencia. Inmediatamente desplegaron dos planes, el primero de ellos consistía en que el Congreso eligiera presidente a Alessandri, segundo en las elecciones de septiembre, y que éste a continuación renunciara para convocar a nuevas elecciones, intentona que se desplomó debido al acuerdo secreto que tenía Allende con Radomiro Tomic, y mediante el cual el primero fue ratificado presidente por el Congreso. El segundo plan consistía en la desestabilización del país, a través del asesinato del comandante en jefe del ejército General René Schneider, con el propósito de inducir una intervención de las FF.AA. El intento de asesinato se realizó el día 22 de Octubre, fallando en primera instancia y quedando Schneider gravemente herido, pero vivo. Schneider falleció el 25 de octubre de 1970, un día después del ascenso de Allende.
En esta breve descripción, vemos como inmediatamente después de manifestada la voluntad popular en el voto de Allende en las elecciones presidenciales, se activa el plan desestabilizador y violento que tiene como instigadores y protagonistas principales al Imperialismo y a la Burguesía local. Sin mediar descanso ni interrupción estos operan en dos líneas, que luego se reiterarán majaderamente bajo formatos distintos, pero manteniendo su esencia: el amarre, la contención y la dilación a través del estatuto de garantías constitucionales, y paralelamente con la violencia política, a través del asesinato de Schneider. Ni siquiera un minuto esperaron los burgueses para romper con esta segunda maniobra toda la legalidad vigente a través de una acción de fuerza.
Esta estrategia, expresa dos movimientos, acciones o desarrollo de líneas tácticas independientes e incluso contradictorias, y que sin embargo están unidas dialécticamente en su esfuerzo estratégico. Mientras por un lado el amarre con la legalidad vigente actúa como un yunque que contiene y afirma la presa, por el otro, la acción de fuerza golpea contundentemente aquella para aniquilarla. Esta estrategia dual, de tácticas aparentemente inconexas y contradictorias, será la que marcará la actuación del imperialismo y la burguesía durante toda la UP.
Durante los meses que preceden el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, esta misma maniobra fue desarrollada por la Burguesía y el Imperialismo. Si bien –de acuerdo a lo que relatábamos anteriormente– no lograron impedir en la fase inicial de la lucha por el poder el ascenso de Salvador Allende a la presidencia, el enemigo de clases continuó bregando por desestabilizar al gobierno e impedir que las masas obreras y campesinas siguieran radicalizándose y ampliando la ofensiva que había comenzado a fines de los ’60, y que tuvo como consecuencia la llegada al poder ejecutivo del reformismo obrero y pequeñoburgués, que capitalizó políticamente el alza en la lucha de clases.
Recordemos que desde fines de los ‘60 se venían sucediendo tomas de fundo, corridas de cerco y una serie de acciones directas de masas, que se desplegaron en defensa de intereses concretos y también en respuesta a la ofensiva patronal que se desplegaba; del mismo modo lo fueron las tomas de fábricas y empresas que quedaron fuera de las 90 empresas estratégicas que pasaron al área social, para dar cumplimiento al programa de la UP. Así es como organizaciones revolucionarias como el MIR, que tenía militantes que participaban y apoyaban estas acciones, comprende que este tipo de iniciativa expresa el sentir más profundo de las clases explotadas: proletarios rurales y urbanos, campesinos pobres y en consecuencia hace suya la que luego se denominaría como la política del poder popular1.
Al fragor de la lucha de clases, que se intensifica mes a mes, el gobierno de la Unidad Popular vacila constantemente, su esencia pequeñoburguesa no le permite seguir a las masas obreras y campesinas que por todos lados desbordan la legalidad burguesa, haciendo suyas las demandas históricas de las clases explotadas, no ya en un sentido puramente discursivo, sino que –¡Horror de horrores, en la práctica concreta!– En definitiva la UP se ve acorralada entre el impulso de las masas proletarias y campesinas, y las intentonas de la burguesía de sabotear el gobierno popular, para retomar el poder político.
En estas condiciones, se realiza el cónclave de Lo Curro, de Junio de 1972, en donde se disputan dos líneas principales, contradictorias al interior del gobierno de la UP: el consolidar para avanzar (PC, PR) versus el avanzar sin transar (PS). Si bien las dos alternativas están en disputa dentro del marco de la legalidad, es claro que la segunda, intenta apoyar y tal vez apropiarse de lo que sucede en los cordones industriales, en los fundos tomados y en los comandos comunales; es decir, intenta institucionalizar el poder popular que se ha construido en las calles con el protagonismo del movimiento popular. Sin embargo, triunfa en dicho cónclave la alternativa de derecha, contraria a los intereses del campo popular, que busca morigerar las contradicciones de clase que se desarrollan aceleradamente, confiando a la legalidad y a los “expertos”, el manejo económico del país.
Un par de meses antes, en marzo de 1972, el gobierno de la UP detuvo a un alto oficial de las FF.AA. Y a un grupo de conspiradores que preparaban una intentona golpista. Como vemos, a mediados del gobierno de la UP, continuaba imparable el desarrollo de la lucha decidida por el poder encabezada por la burguesía y el imperialismo que combinaba dos tácticas dislocadas, aparentemente contradictorias, pero unidas dialécticamente en su objetivo estratégico.
El resultado de estas conversaciones, y el triunfo de la línea de derecha, resulta en una serie de conversaciones y negociaciones entre la UP y la DC, entre la UP y la iglesia y que luego da paso a la incorporación de los generales de las FFAA al gabinete de gobierno. En paralelo se suceden un par de hechos de importancia: la detención, tortura y encarcelamiento de los marinos organizados para defender al proceso de la UP y la aprobación de la ley de control de armas. Este paso marcará un giro táctico que anuncia lo que se viene, fíjense que al proceso de contención y amarre desde la legalidad burguesa se le suma el componente de la violencia pero no ya desde fuera de la institucionalidad, sino que desde ella misma, ubicando o más bien reforzando el carácter de clase del Estado y asumiendo su rol represivo en contra del movimiento popular y de los sectores más organizados y peligrosos para las intenciones de la burguesía y del imperialismo, es decir, quienes se organizan para desarrollar una defensa o lucha activa y armada de los intereses del campo popular.
1Para ver más en detalle el tema del poder popular: “Poder Popular y Coyuntura Política”, Julio de 2011, http://almanaquenegro2.blogspot.com/2011/07/poder-popular-y-coyuntura-politica-alma.html
(continuará...)

domingo, 16 de febrero de 2014

Documento 40 años - Parte I: Lectura sobre el golpe de Estado de 1973


Documento 40 años - Lectura sobre el golpe de Estado de 1973

Introducción
Este conjunto de artículos fueron elaborados con la intención de publicarlos en la coyuntura de los 40 años del golpe de estado en Chile, durante Septiembre / Octubre del año 2013, sin embargo, distintas situaciones de orden anecdótico impidieron que este conjunto saliera al público. Sin embargo lo anterior, la situación que vive hoy día el pueblo Venezolano y en particular el proletariado y sectores populares de carácter revolucionario, con el evidente intento de imprimir el carácter de golpe de estado a las movilizaciones que se desarrollan actualmente, promovidas por la Burguesía Local y por el Imperialismo, apoyados por todas las burguesías latinoamericanas y sus medios de prensa nos han impulsado a publicar estos artículos que nos parecen de interés para quienes revisan hoy desde la óptica de la lucha de clases y del marxismo revolucionario, la grave crisis política de Venezuela. 
Es importante aclarar, que en mi opinión, la defensa acrítica del gobierno venezolano es un completo error, puesto que en el proceso de lucha de clases, tanto en Venezuela, como en otras situaciones históricas de características similares, los gobiernos burgueses (por más progresistas o "revolucionarios" que estos parezcan), siempre han cumplido un rol restaurador del régimen de la burguesía y de la reacción, ya sea por acción o por omisión, no existen excepciones, desde el gobierno provisional que asumió el poder en Rusia, luego de la revolución de Febrero de 1917, pasando por el gobierno de la UP en Chile que asumió en el año 1971, por victoria electoral, y así mismo el gobierno de Venezuela con sus 14 o 15 años de "socialismo" del siglo XXI.
Las lecciones históricas están dadas, el paso del capitalismo hacia el verdadero socialismo, aquel en donde, y debemos señalarlo sin pudor, el proletariado ejercerá una dictadura feroz en contra de sus adversarios históricos y de clase, no será jamás en forma pacífica, no será tampoco jamás desarrollada en un país aislado sin la intervención de el o los imperialismos vigentes. Será una lucha dura, cruenta y larga, mientras no se produzca una derrota estratégica y definitiva del capitalismo a nivel mundial.
 Es por esto que observamos con preocupación la intervención burguesa e imperial en Venezuela, que debemos señalarlo claramente, no es sorpresa, y que esperamos que la iniciativa revolucionaria del proletariado venezolano sepa sortear ejerciendo el verdadero poder de la clase más revolucionaria de la historia, superando las pusilánimes conducciones reformistas y en definitiva derribando por la izquierda la pantomima de socialismo que hasta ahora se ha construido.

Primera Parte:  Proyectos en disputa en el campo popular
El 11 de septiembre de 1973, se cierra un periodo político de amplia disputa entre las clases que en ese momento componían la sociedad de este país. En el ámbito de la burguesía se pueden distinguir dos segmentos, la burguesía “financiera” y comercial, aliada del imperialismo y la burguesía industrial de carácter manufacturera, precaria y sometida siempre a los designios del imperialismo y sus cohortes nacionales, sin proyecto propio. Además, también dentro del ámbito del dominio de la burguesía una amplia pequeño burguesía compuesta por multiplicidad de segmentos de la población: empleados fiscales, gremios profesionales, pequeños comerciantes, transportistas y campesinos, cuya máxima característica es su apego a la legalidad, su fe democrática y ciudadana, su tradición republicana y otra serie de mitos infundidos por la burguesía. Finalmente la existencia de un proletariado urbano y rural, en estrecha asociación con el campesinado más pobre y con el campesinado pobre indígena, es decir los Mapuche.
Al referirnos al campo popular, hablaremos de aquel conjunto de clases de la formación económica y social que excluye a la burguesía, es decir, será por tanto la suma de sectores que agrupa a la pequeño burguesía, al proletariado y al campesinado pobre. Y cuando hablamos de los proyectos en disputa, nos referimos a todos aquellos proyectos que excluyen al proyecto explícito de la burguesía, dado que se encontraba en crisis de conducción y no tenía una salida política clara, o proyecto claro que condujera y hegemonizara los destinos del país.
Sin embargo lo anterior, los proyectos en disputa en el periodo 70-73 son básicamente cuatro, el primero, representado en las elecciones del '70 por Alessandri, de representación de la oligarquía, aislado y sin un proyecto distinto al del libre mercado, combinado con aspectos propios del conservadurismo criollo más rancio y reaccionario. Luego, tenemos dos proyectos burgueses, que son en esencia lo mismo, representados en Tomic con la Revolución en Libertad, es decir la DC, que podríamos decir ante el avance de la lucha de clases, la burguesía se disfraza de progresista e intenta cooptar las consignas y programas del reformismo para controlar los cambios, morigerarlos y hacerlos insignificantes. En segundo lugar, el programa de la UP, representada por Allende, el PC, el PS, la IC y el MAPU que era prácticamente idéntico al anterior, y que proponía la vía chilena al socialismo, por cauce pacíficos, legal y electoral. El último proyecto en disputa en el periodo pre-revolucionario del 70-73, fue el de la izquierda revolucionaria que propugnaba la toma del poder político para la construcción del socialismo a través de la fuerza, de los trabajadores y el pueblo organizados. Este proyecto y su estrategia está principalmente representada por el MIR, y un segmento del PS, el MIR tenía la estrategia de guerra del pueblo.
La lucha de clases y las condiciones internacionales de crisis, agudizaron las contradicciones al interior del país, desgastando la legitimidad y condiciones de conducción política de la derecha más tradicional; en lógica de dominación hegemónica, lo que se comienza producir es un resquebrajamiento en la hegemonía ideológica de la dominación a gran escala, la propia lucha y organización de los trabajadores y el pueblo comienza a despejar la cortina, la neblina que significa la dominación capitalista, y los explotados empiezan a comprender tímidamente sus verdaderos intereses y a luchar por estos. De esta forma, al igual que hoy, la representación burguesa de la oligarquía más rancia, pierde capacidad de conducción política y comienza a ser sobrepasada por quienes tienen a su haber la representación política de las más amplias masas, que se ubican un grado más a la izquierda, la DC, el PS, el PC, entre otros; ellos recogen las banderas levantadas por el proceso de lucha, morigerando en mayor o menor grado, las profundas consecuencias políticas, y sobretodo desvirtuando ese proceso con una visión plenamente burguesa de las transformaciones. En este sentido, tanto DCs como UPs, plantean un proceso transformador que respeta la propiedad privada, que respeta la legalidad; en el caso particular del PC, este se plantea la existencia de una burguesía nacional aliada del proletariado y enemiga del imperialismo; que pueden dar sustento y piso político a un proceso de transformación nacionalizador de recursos naturales y de características desarrollistas e industrializadoras.
Como vemos, en el caso de la UP, y del PC en particular lo que se plantea es un proyecto de revolución democrática y burguesa, con elementos propios de un país en condiciones de dominación política y económica del imperialismo, es decir, el esquema típico de liberación nacional sin el componente militar. Por lo tanto, relegando las tareas de la revolución socialista para un futuro indefinido. Complementario con esto, las tareas democráticas incluyen el desarrollo industrializador del país, a partir primero de la nacionalización de los recursos naturales, como eje del desarrollo nacional. Esto supone condiciones de dominación y sojuzgamiento de la burguesía nacional, explotada por el imperialismo, de forma tal que, podría ser convocada a un proyecto liberador, de forma tal de construir un país soberano, libre y desarrollado.
Cualesquiera sean las razones y fundamentos para este proyecto, la realidad y los hechos demostraron trágicamente que dicha burguesía nacional no existía, al menos en la forma en la cual el reformismo la describía, y los sucesos demostraron que la burguesía “nacional”, era absolutamente pro-imperialista, y que no tenía el más mínimo interés en construir un proyecto nacional emancipador del imperialismo y menos desarrollista, en el sentido industrializador. Podríamos considerar incluso que dicha intención burguesa existía realmente, sin embargo en el desarrollo de la lucha y las contradicciones de clase interburguesas, en la agudización del conflicto y ante la eventualidad de una revolución de carácter socialista, dicha porción de la burguesía perdió rápidamente su condición o interés nacional y abandonó su proyecto emancipador, si es que alguna vez lo tuvo. Este punto es importante destacarlo, ya que en la historia no existen solo blancos y negros, y siempre hay matices, por tanto, en la medida en que el desarrollo de las contradicciones de clase se agudizan y en que la correlación de fuerzas se mueve significativamente a favor de los sectores populares, a la burguesía en conjunto se le erizan las pelambres y se atrincheran a la sombra y protección del papá imperial, abandonando cualquier atisbo de proyecto nacional desarrollista.
Sin embargo, y he aquí que la historia de esta época se hace más trágica, el esfuerzo transformador hegemónico, como ya lo hemos planteado, estaba fundamentado en una concepción totalmente burguesa de la realidad, por un lado, y por el otro en una visión de carácter idealista. Cuando hablamos del “esfuerzo transformador hegemónico”, nos referimos ciertamente al programa de la UP, a la “vía chilena al socialismo”, un programa y políticas en esencia pequeñoburgués e idealista puesto que basa su política en un diagnóstico incorrecto, es decir, asume la existencia de una burguesía nacional, con proyecto de desarrollo, emancipadora en relación al imperialismo, que puede constituirse en aliada del proletariado en el desarrollo de las tareas democráticas. Cuyo fundamento ideológico no pasa del idealismo pequeño burgués al suponer que con el solo y único hecho de contar con las mayorías populares en el parlamento y con dichas mayorías expresadas en el control del gobierno, sería suficiente para desarrollar y concretar un proyecto emancipador, craso error. Resulta que toda esta parafernalia democrática y legalista, tiene un fundamento teórico esencial, y este es, la negación de la lucha de clases, la negación del enfrentamiento histórico que significa la lucha de clases, y por lo tanto la negación misma de la existencia de clases sociales antagónicas. De esta forma, la UP, Salvador Allende y sus colaboradores, en gran medida utilizan un lenguaje “revolucionario”, hablan incluso de lucha de clases, sin embargo lo realizan en un sentido puramente retórico, puesto que en la práctica actúan en sentido contrario, intentan suavizar el enfrentamiento, contener la organización y autonomía de los trabajadores proletarios, y finalmente abren flancos decisivos para la contra ofensiva burguesa.
En resumen, los proyectos principales que se enfrentan en el periodo 70-73, son dos, el proyecto de la “vía chilena al socialismo”, de carácter utópico y fantasioso, en esencia concebido bajo el amparo ideológico de la pequeño burguesía; y que capitula trágicamente como proyecto al negarse a tomar iniciativa hacia la toma del poder, por su obsesión malsana, incluso mitológica por la legalidad burguesa y por el respeto a las instituciones. El segundo proyecto en disputa de significancia es el proyecto de los sectores revolucionarios, que a la postre fue derrotado política y militarmente, más no capituló. Este proyecto, que se planteaba la lucha por el socialismo a través de todas las formas de lucha, legales e ilegales, fue incapaz de madurar lo suficiente para ganar conducción al proyecto reformista, no fue capaz de desarrollar iniciativas tácticas en los momentos clave que le permitieran desembarazarse del peso de la conducción reformista para construir camino propio, fue incapaz de salir de su táctica insurreccional defensiva; puesto que también infundido de algún grado de confianza hacia el proyecto reformista; subordinó la propia iniciativa a la pusilánime inacción del gobierno popular que no fue capaz de defenderse así mismo, de convocar a las masas a la guerra civil abierta en defensa de sus verdaderos intereses; en ese sentido y humildemente intentamos reflexionar sobre esto, el proyecto de la izquierda revolucionaria, tampoco maduró ideológicamente lo suficiente como para desembarazarse en el momento decisivo del proyecto pequeñoburgués y de su conducción para tomar la iniciativa y provocar un cambio en la situación de retroceso y repliegue del movimiento de masas de los últimos meses del ’73.
Aquiles Torres


miércoles, 8 de enero de 2014

De la Sala de Clases, a la Lucha de Clases. Llamado a Acciones de Solidaridad concreta con Mapuche y Portuarios


El inicio de este año 2014, no nos presenta grandes novedades respecto a lo que a las luchas sociales, populares, de trabajadores han estado desarrollando desde un buen tiempo ya a esta parte, por el contrario, este nuevo año comienza con un nuevo reimpulso de luchas por los derechos concretos, que se vienen desarrollando hace meses o años, incluso hace varios siglos.

Existen dos procesos que están marcando este inicio de año, el primero, la lucha de los Mapuche en el sur, tiene alto impacto debido a sus profundas raíces históricas y a la férrea vinculación, incluso genética, entre el pueblo Mapuche y los sectores populares chilenos. Es evidente que la lucha que encabezan los mapuche por la recuperación de sus territorios ancestrales está dirigida única y exclusivamente contra el Estado de Chile, y contra sus propietarios, la burguesía, los empresarios, los ricachos y las compañías multinacionales que son dueñas de todo el país, incluyendo a los territorios Mapuche, hasta del agua incluso; sin embargo, su pelea de liberación no está dirigida en contra del pueblo chileno, de los trabajadores asalariados chilenos. Es tan paradójica la histórica relación de estos dos pueblos, que incluso una cantidad no despreciable de miembros de la policía militarizada, y de sus fuerzas especiales, están compuestas por individuos cuyo origen es la etnia Mapuche, pero que sin embargo, al igual que los pobres chilenos, han elegido o han sido forzados a elegir la defensa del patrón, del explotador y del expropiador burgués chileno, o eventualmente Mapuche. Y estos mismos personajes, yanaconas modernos, se encargan de reprimir violenta y sistemáticamente, tanto la lucha de los Mapuche, como cualquier expresión de descontento proveniente de las clases populares chilenas, y más aún de los trabajadores asalariados, es decir, del enemigo principal de los patrones.

En segundo lugar, tenemos a la lucha de los portuarios de Angamos, Mejillones, que por segunda vez consecutiva se sitúan a la vanguardia de la clase trabajadora en Chile, puesto que representan a uno de los sectores más explotados de la economía, y que por otro lado, incorporan sin distinciones ni discriminaciones, la unidad más amplia y completa entre contratados y eventuales, unidos en la lucha. Rompiendo de esta forma el estigma burgués de la segregación y atomización de los explotados. Este sector representa lo más avanzado del proletariado chileno, puesto que se encuentra medianamente libre de la nefasta influencia del reformismo, y es el único sector de trabajadores, que debido a sus altos grados de organización y combatividad ha logrado, durante la pasada movilización, niveles de solidaridad como no se habían visto en años, en donde sindicatos de otras regiones pararon en una movilización sin precedentes, por exclusiva solidaridad como trabajadores portuarios. Hoy, a 18 días de haber comenzado una nueva movilización de los portuarios de Mejillones, se comienza a reiterar el mismo fenómeno que vimos algunos meses atrás, varios puertos ya se han declarado en alerta o bien derechamente movilizados. Recientemente, además, trabajadores del puerto de Valparaíso, uno de los sectores que, históricamente ha sido más reaccionario y pro patronal de este sector, se ha declarado en paro, ha bloqueado el acceso de uno de los terminales y ha llamado a los demás trabajadores a ejercer la solidaridad de clases, un verdadero triunfo de los sectores conscientes, hasta ahora y esperemos por no mucho tiempo más, minoritarios en Valparaíso.

En estas breves líneas, solo he señalado dos de los más importantes procesos de lucha, en pleno desarrollo, ni siquiera estamos mencionando, por ejemplo, el conflicto del agua, el problema de los monocultivos, la deforestación nativa, las chancherias, la subcontratación en términos generales, o la educación, la salud, etc. Y no hemos abordado estos temas, no solo para no extendernos mucho en estas palabras sino que, principalmente, por el hecho de que las mismas causas que generan el conflicto mapuche, la super explotación de los trabajadores portuarios, el vaciamiento y contaminación de las napas subterráneas a lo largo y ancho del país, la contaminación de los otrora ricos valles del norte, como el caso específico del valle del Huasco, etc, etc. Todas estas situaciones de depredación sobre el ser humano y sobre los recursos naturales, el no respeto de la historia y costumbres de los pueblos aborígenes, son todas situaciones provocadas por un único y particular fenómeno: El Capitalismo.

El sistema capitalista se apropia de todo y todo lo convierte en una mercancía intercambiable, con el objeto de producir acumulación de capital, o riqueza, y dado que, la riqueza o el valor no puede provenir de ningún otro lugar más que del trabajo humano, y más precisamente desde la EXPLOTACIÓN de la fuerza de trabajo, que ejercen los capitalistas sobre los asalariados, y que su dinámica económica, hasta donde hoy se ha desarrollado, no admite ninguna resistencia puesto que, cualquier conflicto o crisis en alguno de los elementos que son parte de la cadena de valorización del capital y de su reproducción, tienen por efecto inmediato la puesta en crisis de su sistema; es que los capitalistas buscan en todos los fenómenos y características del mundo actual la incorporación al proceso de acumulación y valorización capitalista. Si hacemos memoria, hace algunos años, o décadas, el agua, era prácticamente un derecho muy barato, o la educación, gratuita, o la salud. Sin embargo, estos fueron incorporados al proceso de reproducción capitalista, convirtiéndolos en simples mercancías. De esta forma, la necesidad del capital de ampliarse cada día más, y de ampliar sus fronteras de acumulación, impulsa la apropiación de aquellos bienes o recursos que antes se consideraban “derechos”, expropiándolos del uso común y natural del que se hacía pocas décadas antes. Y además de la expropiación “de hecho”, los capitalistas se preocupan de acomodar, de perfeccionar el marco jurídico político, para darle legalidad a su robo organizado, y a las necesidades de represión que dicho robo requiere. ¿Les suenan las Leyes de Pesca (Longueira), Monsanto de apropiación del patrimonio genético, de Seguridad (Hinzpeter), Mi Cabo, Antiterrorista, Código Laboral, LOCE/LGE, Privatización de Recursos Naturales, AFP, ISAPRES?

En consecuencia, existe un único enemigo común, tanto de los hermanos Mapuche, como de los trabajadores asalariados del país, como del medio ambiente y la naturaleza, de los recursos naturales no renovables, e incluso de los valores arqueológicos del norte grande (vieron lo que les hizo el DAKAR). Ese único enemigo común se llama capitalismo, y es el sistema económico que nos gobierna, y sus benefactores directos son sus dueños, los dueños de todo, es decir, la burguesía, los ricos, los empresarios, las 10, 20, 30 o 100 familias más ricas de este país son los enemigos, de la inmensa mayoría. Por supuesto, que estos tienen a su lado a sus representantes internacionales, que se conoce como imperialismo, es decir, aquél o aquellos países que manejan los designios del mundo, a través de la guerra, para que sus burguesías aliadas, acumulen cada día más y más con las menores restricciones posibles.

Ante ese estado de situación, y ante la realidad urgente que requiere acciones concretas, quiero proponerle a los lectores las siguientes acciones, específicamente en lo que toca a la situación de Mapuches y Portuarios.

Se requiere urgencia movilizar a todos los sectores organizados que permita ejercer una verdadera presión sobre el Estado y los empresarios para que resuelvan inmediatamente tanto las demandas de los Mapuche, como la de los Portuarios. Incluso cada sector puede, y de hecho, debe, sumar sus propias demandas a este proceso de movilización.

Las acciones concretas a realizar deben ir, en ascenso, desde marchas, tomas de edificios públicos, cortes y bloqueos de calles, prendidas de neumáticos, sittings, etc. No se debe desechar ninguna forma, y todas las acciones deberán realizarse en conformidad con la capacidad y experiencia de cada sector.

Por ejemplo, un sector llamado a la articulación de los procesos de lucha, y al desarrollo creciente de la solidaridad es el espacio de Todos Somos Asamblea, este espacio donde confluyen diversas organizaciones populares y asambleas que han estado en procesos de reivindicación por sus necesidades y problemáticas concretas es un excelente espacio para articular un proceso de lucha y de solidaridad más amplio para con los portuarios y Mapuche en lucha.

Por último quiero señalar que ha llegado la hora de dejar la actitud académica sobre la revolución y los procesos de lucha, de organización y de transformación, llegó la hora de saltar “de la sala de clases, a la lucha de clases”, los procesos de formación política son siembre buenos y necesarios, pero resulta prácticamente ridículo que mientras los trabajadores portuarios y los Mapuche dan VERDADERAS lecciones sobre la lucha, tengamos a cientos de compañeros calentando el asiento y tratando de comprender los aspectos teóricos de las revoluciones y de los procesos de transformación, cuando lo que más se necesita hoy es la incorporación concreta a la lucha.

En resumen, propongo:


  1. Movilización coordinada desde espacios de articulación nacional como el Todos Somos Asambleas, para la realización de acciones directas de masas en solidaridad con los compañeros portuarios.

  1. Realización de tomas de espacios públicos, ministerios, oficinas de empresas, etc.

  1. Cortes de calles, carreteras, sittings, panfleteos, que agiten por un lado, pero también que molesten, que lesionen la normalidad burguesa, que dificulten y ojalá derriben la tan mentada gobernabilidad de los ricos.

Aquiles Torres