Me piden que escriba sobre Santucho. SANTUCHO con mayúsculas me digo.
¿Yo escribiendo en el 2013 sobre Mario Roberto Santucho, el tremendo
cuadro argentino del PRT y del Ejército Revolucionario del Pueblo
–ERP-? Con qué ropa, me digo, si yo era un adolecente cuando él estaba
ya caminando con los cañeros, si apenas
salía a mis primeras acciones rayando Insurrección o Morir cuando ya
estaba estallando el Cordobazo en Argentina y nosotros discutíamos si
acción directa de masas o grupos operativos, descubriendo que antes de
la insurrección debíamos pensar en una lucha armada de corte irregular y
prolongado. ¡Cómo voy a escribir del tremendo Santucho si jamás tomé un
mate con él, jamás tuve el honor de escucharle una mínima palabra de
esas que después conocí a través de El Combatiente! Pero aquellos
revolucionarios chilenos que si le conocieron, esos que firmaron
acuerdos, que se hermanaron en la JCR, esos revolucionarios están
muertos. Unos, como Santucho, muertos para vivir entre las luchas de las
nuevas generaciones, otros, viviendo están muertos por sus volteretas
para esas mismas generaciones actuales y para la historia. Entonces,
debo escribir esta nota. Ciego en el reino de los tuertos, debo
escribirla asumiendo el reto, el mismo reto que esas generaciones
maravillosas de los sesenta y setenta asumieron sabiendo todo lo que no
tenían pero intentando estar a la altura del desafío histórico. O sea,
determinación. Voluntad de luchar, vergüenza de vivir solo en el
análisis y la descripción y encarnar aquello que el barbudo alemán
señalara: no se trata de interpretar, sino de transformar. Sin mirarse
el ombligo. Mirando los desafíos y enfrentándolos. Y hablar de santucho
es hablar del PRT y del ERP.
Las sinapsis de mis neuronas pegan
una ráfaga de información, sensaciones, emociones y dolor: Cañeros,
PRT, Troskos distintos, Córdoba, Luz y Fuerza, acciones urbanas
presionando a los patrones, acciones guerrilleras, asalto a cuarteles,
una treintena de militantes del ERP durante un mes en una casa- escuela
del MIR, largas conversaciones, Santucho mencionado una y otra vez, un
compa obrero que trata de salir de la casa a tomarse un copete en un
boliche de Irarrázaval, la política militar del ERP, las discusiones de
la relación con las masas. Un mando a cargo del grupo que nos señala muy
cuidadosamente su crítica: “a ustedes le falta experiencia clandestina y
rigor para la lucha armada, pero nosotros no tenemos la fuerza de masas
que ustedes construyen”. Luego Trelew, las fotos de los muchachos y
muchachas masacradas, marchas en Santiago reclamando la liberación de
los fugados. Poco antes del golpe en Chile, la noticia de la creación de
la Junta Coordinadora Revolucionaria del Cono Sur, JCR. Y en medio de
nuestra larga noche las noticas de compañeros que escapan de la
represión en el sur de Chile y se incorporan al ERP, la desaparición de
militantes chilenos y miembros de dirección que estaban incorporados a
sus filas, como Edgardo Enríquez, entre otros.
No. No quiero
escribir algo analítico. Métanse a Google y encontrarán centenares de
textos que hablan de quién era Santucho, el negro, el que servía mate en
las reuniones, el que pasaba piola viajando en una citroneta y
recorriendo las unidades de base. Métanse a las páginas donde escriben
los sesudos y analíticos que hablan del papel de santucho uniendo a los
revolucionarios argentinos, jugando al truco con los morenistas,
articulando fuerzas en Rosario, volcándose a Tucumán. Yo quiero contar
que en los sombríos días de cana en Chile leíamos su convocatoria a
fundirse en las masas, su apelación a la moral revolucionaria, a seguir
el ejemplo del Che. Contar como en el exilio transitorio, mientras nos
preparábamos para retornar leíamos en cuartos pasajeros y helados por la
nieve sus notas, sus escritos, y hacíamos con mis compañeros un
paralelo (guardando todas las distancias históricas y políticas) de la
relación de San Martin con los patriotas chilenos y la creación del
Ejercito Libertador de los Andes, y el proyecto de la JCR con Santucho y
el PRT.
Nos dolió su muerte. Tanto como cuando murió Miguel en
combate. Cierto es que los procesos son de masas, son históricos, son
sociales. Pero cuanta falta nos ha hecho Santucho, Miguel y toda esa
generación de latinoamericanos que sembraron rebeldía y voluntad de
luchar. Sobre todo en este presente magro donde las masas comienzan a
retomar iniciativa y faltan voces claras, nítidas, confiables como las
de Santucho, de Miguel, que encarnen los nuevos proyectos
revolucionarios que sin duda germinan entre el hambre, la miseria, la
explotación.
Pero, no hay pero. Ellos asumieron los desafíos de su
tiempo. Nosotros, por necesidad histórica, debemos retomar el camino que
ellos transitaron y llevarlos junto a nosotros en esas batallas que se
avecinan para la humanidad cada vez más cerca de la opción socialismo o
barbarie.
Vamos a la fábrica, a la villa, a la facultad, a la
caleta de pescadores, al campo, acompañados por Santucho, El Che,
Miguel y los centenares de caídos. Nos esperan nuevas tareas y nuevas
trincheras. De seguro que Santucho nos estará esperando ahí y en esos
otros nuevos ojos llenos de rabia, ira y sed de justicia, encontraremos
las claves para entender y compartir a Mario Roberto Santucho, ese que
nunca partió.
*GUILLERMO RODRIGUEZ MORALES (“El Ronco” o “Alma Negra”)
Ex militante y combatiente del MIR, jefe de la Estructura Miliciana del
Mando Central. En dos oportunidades preso político y sometido a
Consejos de Guerra. La primera vez sorpresivamente es liberado y enviado
al exilio en Canadá (1975), para luego clandestinamente volver a seguir
la lucha en los planes miristas de retorno estratégico.
En la
segunda oportunidad que cae detenido (1981), sufre intento de
envenenamiento por parte de los organismos de seguridad con “Botulina”
(mismo tóxico con el cual fue asesinado “Eduardo Frei Montalva”,
Demócrata Cristiano, ex presidente de Chile), lo cual le produce un
cáncer a la garganta que lo deja con mínima voz (ronco) y casi sin vida,
situación agravada por secuelas de torturas, malas alimentación y
condiciones carcelarias.
Participa en unas de las Huelgas de Hambre
más larga en el periodo de finales de la Dictadura, lo que culminó con
un acuerdo por el destierro.
Entre sus características personales se
encuentra la de dictar charlas y escribir, teniendo a su haber cuatro
libros biográficos y narrativos de la experiencia militante y carcelaria
que le ha tocado protagonizar: “Haceldama”, “De la Brigada Estudiantil
al Cordón Cerrillo”, “Hacia el Final de la Partida” y “Destacamento
Miliciano José Vordaz”, además de artículos y notas que escribe para
distintos medios de la prensa popular.
Punto aparte es mencionar,
que en la cárcel además se hizo un excelente artesano en lana, cobre
repujado y otras expresiones relacionadas.
Hoy sigue activo y
ayudando a nuevas generaciones sociales. Hace muy poco superó una nueva
secuela cancerígena, ante lo cual alegremente dice que es un Gato con 7
vidas, aunque ya ha ocupado 5 o 6.
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