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jueves, 15 de noviembre de 2012

INTERVENCION EN PRESENTACION DEL LIBRO “2011: APORTES PARA INTERPRETAR UNA DECADA DE LUCHA POR AUTOEDUCACION” Y DEBATE “QUE SE VIENE PARA EL MOVIMIENTO SOCIAL POR LA EDUCACION? (15/11/2012)

Quiero agradecer a Editorial Quimantú, a OPECH y al Centro Alerta por la oportunidad de participar en la presentación del libro “2011: Aportes para interpretar una década de lucha por autoeducación” y en el debate “¿Qué se viene para el movimiento social por la educación?”, quisiera al mismo tiempo saludar cordialmente  a todas y todos quienes están presentes hoy en esta actividad.

Este libro recoge 26 artículos e intervenciones de diversas autorías, textos escritos al fragor de las luchas, escritos que intentaban interpretar la realidad pero al mismo tiempo influir en el desarrollo de los acontecimientos que se sucedían en un movimiento que destacó por su masividad, por su determinación, porque se instalaba como continuidad y superación de similares movimientos de los años precedentes pero que esta vez incorporaba secundarios, universitarios, profesores y académicos, padres y apoderados, universidades privadas, niños, jóvenes, abuelos, y se descolgaba desde al centro a la periferia, desde la capital multiplicado y superado en las provincias, movimiento que quebró la rutina cadenciosa y gris de nuestras vidas irrumpiendo en las redes, en los matinales, en las noticias, en las conversaciones cotidianas, llegando a todos los rincones del que hacer cotidiano sacudiendo la frialdad, la indiferencia de muchos, polarizando al país entero para instalar o reinstalar una verdad gigantesca que yacía en la amnesia, a pesar de ser mil veces repetida: la historia pertenece a los pueblos y no a un puñado de mercaderes, el futuro es nuestro si luchamos, actitud resumida en un simple cartel: prefiero perder el año escolar pero entrar en la historia.

A inicios de ese año, a través de nuestros escritos, nos preguntábamos si las movilizaciones que recién despuntaban eran nuevos brotes esporádicos y cíclicos como en etapas anteriores o se trataba del inicio de ciclo nuevo de luchas, de un alza sostenida de las luchas populares. Hoy ya es lugar común señalar este año 2011 como un hito histórico, sobretodo por los resultados de las recientes elecciones municipales y los niveles de abstención que reflejan con toda claridad la crisis del sistema político que se nos ha impuesto y que fue desafiado, encarado, denunciado y enfrentado por estas movilizaciones de masas, que a pesar de no haber conseguido sus objetivos reivindicativos inmediato, abrieron grietas significativas en los muros de contención que levantan las clases dominantes, sumando a nuevos contingentes a la lucha por reivindicaciones y por cambios sociales profundos, y como rezaban diversos carteles, devolvían la capacidad de soñar y luchar a muchos decepcionados. Un hito histórico, una inflexión de la lucha de clases: la irrupción de fuerzas sociales pujantes, aun minoritarias respecto al resto de clases y capas, con fuerza, determinación y principalmente en lucha, que ya con su sola acción han impactado profundamente en el escenario político agudizando pugnas inter burguesas, obligando a realineamientos políticos, desordenando al menos al abúlico país de los consensos, de la justicia en lo posible, meando el  festín de los poderosos, despertando el país gris y monótono que se había impuesto por las balas primeros, por la negociación a espaldas de las masas después,  y que se había consolidado con el consumo vía tarjetas plásticas, el país sin sueños, sin utopía, chantajeado por el miedo, chantajeado permanentemente por las opciones del mal menor, el país de la sumisión.  

Y súbitamente, la masividad, la compulsión, las decenas y centenas de lienzos, afiches, gritos, capuchas, acciones de arte, lucha callejera, huelgas de hambre, la irrupción de jóvenes, de casi niños, de una nueva generación que habla de Poder Popular, que tiene memoria de experiencias anteriores,  que con todo desparpajo no aceptan migajas ni escenarios tramposos, que se desmarca de los politicastros de cuello y corbata para instalar sus demandas. Y en paralelo las luchas de Aysen, de Freirina, de los pescadores contra la Ley que entrega el mar a un grupúsculo de poderosos, de los pobladores y pequeños agricultores luchando contra otros poderosos que roban el agua necesaria para la vida. Las clases dominantes sorprendidas inicialmente responden balbuceante primero con garrote y zanahoria, calculan desgaste, apuestan a las contradicciones al interior del movimiento que ya se demuestra heterogéneo, porque en la lucha de clases concurren todas las fuerzas sociales y políticas con su acción, con su propuesta, con sus proyectos.

¡Señores! Estamos ante el despliegue del fantasma de la lucha de clases en toda su dimensión. Son las bases materiales de un capitalismo neoliberal maduro cuyas iniciativas ya no pueden ser impuestas fácilmente ni por las bayonetas ni por los oscuros negociados ni por los  acuerdos entre cuatro paredes. La necesidad de los poderosos de mantener e incrementar sus tasas de ganancias ha llevado el sistema al borde extremo.  Los desencantos son al por mayor y las masas anotan, registran y maduran: La Polar, Las AFP, la salud, Transantiago, las empresas que arrasan con los frágiles sistemas ecológicos, la minería en manos extranjeras arrasando y aplastando todo interés que no sea el suyo, la impunidad, la corrupción, los montajes. Decepción, rabia, el lucro como centralidad de la dominación impuesta. 

La lucha de clases reinstalada a pesar de los años de dictadura, a pesar del resguardo meticuloso de los intereses de las clases dominantes ejercidos por la Concertación. Los letreros hablan por si mismo “Somos los hijos y nietos de los que ustedes masacraron” “Somos los enterradores de vuestro sistema corrupto” “Somos los hijos de Miguel, de Tamara, de José Miguel que ocupamos ahora las trincheras”.

Masividad, heterogeneidad.  Unos van por créditos, por reivindicaciones posibles, por imponer desde la fuerza de la lucha y de la calle sus demandas al Estado. Confían que esto es posible, confían en una especie de Estado neutro que esta sobre las clases e intereses de clases, confían en la institucionalidad y confían en restablecer el viejo estado benefactor. Los desconfiados no comparten. Ya saben lo que la mesa de negociaciones y el Parlamento encierra. Ya vieron a todos los dirigentes políticos de todos los signos abrazarse sonrientes con la presidenta de entonces celebrando el “triunfo-derrota” de los pingüinos del 2006, foto histórica que sacan a relucir cuando ya los argumentos no convencen.

La misma historia se repite en todos los lugares donde se expresan conflictos, lo que no constituye novedad histórica sino que constatación del rol de la propuesta política en las organizaciones sociales y se traslada de nivel en nivel. La disputa interna en el seno de las organizaciones sociales es parte de su propio desarrollo. Caen vocerías, caen dirigentes, se funan acciones acordadas, zancadillas van y vienen. Los objetivos globales son arduamente disputados, las formas de lucha y movilización también.  Las fuerzas se agotan para fin de año pero ya están dispuestos el 2012 con recambios, mejoras en métodos, con más claridad pero con menos adhesión. Aun así, el alza del movimiento de masas se sostiene, salta el escollo que implican las elecciones municipales y se proyecta al presente mas maduro, quizás más escéptico y consiente de sus limitaciones pero del rol que desempeñan respecto a otros actores sociales.

Sinteticemos nuestro pensamiento: el movimiento estudiantil es parte de un movimiento de masas que comienza a elevar sus niveles de lucha. No tiene la capacidad por si solo de imponer sus objetivos más ambiciosos, pero puede constituirse en parte importante de un movimiento de masas más potente y estable que ponga en crisis el modelo político de dominación vigente, al menos.   Y esta condición determina, a nuestro juicio, la respuesta a la interrogante que nos han convocado a debatir ¿Qué se viene para el movimiento social por la educación?, que es lo mismo que preguntarse ¿que viene para el movimiento popular?

Solo marcar algunas tendencias y desarrollos posibles en el campo de la derecha y la Concertación teniendo en claro que no hay ninguna posibilidad de un  nuevo gobierno de la UDI y RN, por lo que regresaremos al escenario en que este sector mantendrá la postura que durante 20 años jugo: guardián de los pilares fundamentales del modelo neoliberal en lo económico y de democracia contrainsurgente.  El desafío principal por tanto del bloque en el poder será realizar algunos cambios cosméticos al modelo para relegitimar y reencantar a las masas, teniendo claro, que desde el punto de vista económico, salvo que se agudice la crisis económica internacional, no hay indicadores que a corto plazo amenacen la inversión y las tasas de ganancia que hoy obtiene el gran capital. Más allá de los coletazos que pueda traer la burbuja en desarrollo en el área de la construcción y el super habit de stock de de materias primas que esta existiendo en las economías de punta a escala mundial, no hay luces a corto plazo de crisis económica que afecte al modelo.
Eso nos lleva a pensar que las clases dominantes y el bloque en el poder tienen el espacio y las espaldas suficientes para intentar los procesos de relegitimación del modelo incluso con el impulso de Referendum, Plesbicitos, Asambleas Constituyentes u otros mecanismos similares a los que puedan apelar, apostando al dominio ideológico construido durante largos años, al monopolio de la prensa, radio, TV, incluyendo por supuesto, la posibilidad de arrastrar a sectores de la izquierda a esos escenarios, principalmente a las corrientes ciudadanistas cuya centralidad no es poner fin o destruir el estado de dominación sino la de buscar “desde dentro del estado” reformas y conquistas especificas.

En el campo de los explotados y sectores sociales, nuestra izquierda sigue arrastrando los problemas originados por las derrotas previas y por tanto con incapacidades concretas para constituirse en actor relevante en la coyuntura política y por el contrario, la dispersión, fragmentación y diversidad de proyectos existentes, no permiten aun alcanzar grados de unidad ni entre las organizaciones políticas lo que dificulta aun más la unidad de sectores sociales. 
No es este el espacio para profundizar sobre el fenómeno de la fragmentación, solo a manera de constatación señalar que en el seno de los diferentes movimientos supuestamente “sociales” intervienen en su desarrollo grupos de distintas matrices: anarquistas, anarco comunistas, trotskistas, grupos desgajados del PC, diversas agrupaciones que se reclaman continuadores del MIR, del FPMR, del Lautaro, autonomistas, etc. etc.  lo que hace tremendamente difícil pensar a corto plazo en términos de unidad concreta,  y a los mas, pensar en la coordinación que se puede articular en función de las luchas reivindicativas y políticas concretas.

Sin embargo nos parece necesario establecer que claramente se abren dos líneas principales que cruzan a esta izquierda y al campo popular, líneas que en un reciente foro realizado en la Universidad de Concepción fueron expuestas con meridiana claridad:

Una línea que se plantea superar los paradigmas clásicos de la izquierda revolucionaria en sus diversas versiones, y que asumiendo acertadamente que el principal problema es la lucha por quebrar el dominio ideológico que sustenta la burguesía, escoge como escenario posible y deseable la disputa de espacios de poder dentro del estado y la sociedad. Bajo el concepto de la centralidad de la política dirige su discurso “moderno” hacia la conciencia política, construye nuevos arsenales y categorías de análisis descubriendo en sus diversas versiones que se puede politizar a las masas tras objetivos reivindicativos concretos, esto es acumulación de fuerzas para ampliar el Estado, alcanzar reivindicaciones, y que hará de la convocatoria a luchar por una Asamblea Constituyente su centralidad para la nueva fase de lucha abierta, en algunos casos como objetivo intermedio para organizar y acumular fuerzas mediante el Poder Popular Comunitario,  y luego plantearse otros objetivos, para otros como punto de llegada porque aspiran a la restitución de un Estado Benefactor.
A mi juicio, es esta línea la que predominará en la FECH y otros espacios, pues se conecta sin muchas contradicciones con la política del reformismo clásico del PC y otras corrientes, sobretodo influidas por la experiencia de los llamados “socialismos del siglo XXI” cuya variante táctica respecto a la experiencia de la Unidad Popular son la lucha por ganar el gobierno y generar cambios en las constituciones bajo la idea de desarrollar gobiernos progresistas, capitalismo de estado o economías desarrollistas y no la realización de Programas Socialistas de expropiación de los medios de producción a la burguesía, salvo algunos sectores estratégicos para fortalecer al Estado. Es en definitiva una izquierda confiada, en el sentido que entiende principalmente al Estado como lugar en donde concurren y se dirimen las contradicciones de clases y confiadas en el sentido que el respaldo de las mayorías genera legitimidad y por ende poder. La clave de su praxis política es por tanto “la democratización” de los espacios sociales, políticos como proceso de acumulación de fuerzas.

La otra línea, que mantiene en esencia los principios de la izquierda revolucionaria clásica, que tiene a su vez múltiples expresiones orgánicas dispersas, se plantea como centralidad mantener un proceso de construcción de fuerza social revolucionaria con la perspectiva estratégica de generar la crisis del sistema apostando a generar un alza sostenido de la lucha de masas que permita cambiar la correlación de fuerzas globales, alcanzar un periodo pre revolucionario y luchar por quebrar el dominio burgués con todas las formas de lucha para instalar el socialismo. Esta apuesta se basa en que las condiciones objetivas, desde el punto de vista del desarrollo económico de un neoliberalismo maduro están dadas para la construcción del socialismo, y que se debe disputar la conciencia de las masas a partir de la contradicción principal capital- trabajo, apostando que es en la lucha por sus reivindicaciones en donde las masas generan organización, toman conciencia, ganan experiencia y se generan avances concretos. Por cierto que esta izquierda es desconfiada, entiende que es la estrategia la que guía y establece la táctica en cada periodo de lucha y no tiene ninguna intención de entrar a disputar espacios de poder “dentro” del Estado, a menos que sea para ponerlos en crisis.

Es dable esperar por tanto, que el año 2013 no será muy distinto al año actual, en el sentido que el bloque en el poder intentará centrar la coyuntura en las elecciones presidenciales, recomponer la legitimidad del modelo y el sistema desatando maniobras en tal sentido. Queda por saber cuanta resistencia o apoyo existirá desde la UDI, RN y los gremios patronales a tales propósitos.
Es probable que todos quienes desde la izquierda apuestan a luchar por ampliar la democracia, luchar por posiciones de poder dentro de la institucionalidad, converjan en algún espacio común.

Para terminar: el día de hoy es una pequeña síntesis de lo que vendrá: por un lado en el tinglado político formal, la lucha desesperada en torno a quien se alzará con la alcaldía de la comuna de Ñuñoa, de paso, desnudando la inconsistencia del proceso electoral y los vicios, errores y trampas que esto encierra. De otro lado, pescadores artesanales marchando y entrando a la capital cercados por la represión. Y desde la memoria porfiada y rebelde Ariel.

Nosotros como Trabajadores al Poder seguiremos trabajando por desarrollar y ampliar las organizaciones populares, participando de sus luchar reivindicativas y políticas, buscando el desarrollo de gérmenes de Poder Popular, articulándonos en acciones concretas con otras organizaciones que estén en está línea, buscando que el movimiento popular sobrepase los intentos de relegitimación del sistema para avanzar hacia  generar grietas mas profundas en el modelo y ponerlo en crisis. 

Nuestra única alternativa es luchar.
Gracias.

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